lunes, 25 de noviembre de 2024

DESPETRIZACION DEL PROGRESISMO

 La cultura política colombiana, desde los orígenes de la república, se ha caracterizado por el caudillismo y el aglutinamiento de las masas al rededor del nombre de una persona, como fue la época del bolivarismo y el santanderismo, y así ha sucedido durante más de dos siglos. El proyecto político y la plataforma ideológica pasan a segundo plano y muchas veces, ni siquiera se difunden públicamente las ideas y propuestas que contienen las luchas de los personajes. El debate político se reduce a los ataques personales.

Hoy, en el tercer decenio del Siglo XXI, igualmente vemos que la llamada polarización política gira en torno a dos nombres de personas, a quienes le apuntan los ataques y las defensas de contrincantes y seguidores, cuando en el trasfondo, lo que se encierra es una confrontación de dos modelos económicos precisos, acompañados de tipos de Estado con sus propias particularidades. Por un lado, el modelo neoliberal que en el país lleva ya cerca de cuarenta años causando estragos lamentables, y por otro lado el modelo Progresista que se pretende instaurar sobre la base de un enfoque de tipo social y humano. El primero con un tipo de Estado sustentado en el enfoque financierista convertido en un simple deudor de los especuladores internacionales del dinero y victima del mercado de capitales y el segundo con un tipo de Estado sustentado en el humanismo con el rol esencial de convertirse en el mecanismo que propicie mejor justicia social.

El modelo neoliberal, cuyo núcleo de generación de riqueza y acumulación es el mercado de capitales donde navegan los rentistas con sus operaciones especulativas, hoy está sometido a lo que algunos economistas han llamado el Tecnofeudalismo, donde los agentes de la economía están esclavizados de la nube, con sus plataformas tecnológicas que navegan en el ciberespacio, y que han convertido a la nube en el núcleo de generación de ingresos rentísticos, cuyos beneficiarios son los gigantes tecnológicos que llaman las “big tech”.Es decir, el neoliberalismo, que por sus mismas contradicciones dialéctica está en proceso de consumación, a partir de la pandemia para acá tiene un factor externo que está acelerando su desenlace fatal.

El fenómeno golpea con más fuerza en los países de mayor concentración económica y poder como es el caso de Estados Unidos, de modo que a Latinoamérica llega el consabido coletazo, cuyos efectos son aun impredecibles. Pero en todo caso, es necesario considerar el alistamiento general para afrontar los golpes que la economía global produzca. Por ello el Progresismo, que propone un modelo privilegiando el aparato productivo por encima del rentismo, un Estado responsable con el manejo de los bienes públicos, un régimen político basado en la democracia participativa, un ordenamiento territorial montado sobre la descentralización política, una estructura de financiamiento del Estado alejada de la deuda pública y concentrada más en los impuesto progresivos directos y una política social alejada del financierismo para concentrar los propósitos en el humanismo, no puede estar a la sombra del nombre de una sola persona, así sea tan brillante y experto como quien hoy ocupa la presidencia del país.

El Progresismo debe sembrarse sobre el proyecto político de cambio independientemente de los nombres de las personas que han iniciado el proceso y que han permitido adelantar la etapa de aprendizaje que muchas enseñanzas deja, como todo proceso histórico. El primer gobierno del cambio es una experiencia que ha permitido el conocimiento de los avatares de la política nacional y con ello la posibilidad de aplicar los ajustes y correcciones a los errores que normalmente se producen en el comienzo de cualquier empresa social, por lo cual hoy es conveniente sacar la conclusión de que es necesario entrar en la despetrización del Progresismo. 

viernes, 8 de noviembre de 2024

LOS EFECTOS DE LA COP16

La noticia de esta semana fue la realización en Cali de la Conferencia de las Partes (COP), que es el órgano rector del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), un tratado internacional adoptado en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992, cuya reunión se realiza cada dos años para establecer agendas, compromisos y marcos de acción orientados a la conservación de la diversidad biológica y darle un uso sostenible a la biodiversidad. No obstante, en los 32 años transcurridos, la situación de la biodiversidad y del medio ambiente en general, ha empeorado, según las opiniones de los investigadores y expertos. Es decir, parece que la creación de la Conferencia y las reuniones bianuales, poco han servido a la realidad.

Pero no es de extrañarse, como tampoco se extrañará, que después de la realizada en Cali las cosas sigan igual; pues los fenómenos de deterioro ambiental no ocurren por falta de voluntad de los actores, sino por las estructuras socioeconómicas que imperan en los países y que hoy están sometidas a las fuerzas globales y a las elites de poder mundial, cuyas decisiones se imponen al resto del planeta. Con el agravante de que los centros de poder político están en conflicto, inclusive militar, como se puede ver con los temas del BRICS y las guerras en Europa y el Medio Oriente.

Mientras el sistema neoliberal, basado en el capitalismo rentista, que destruye el aparato productivo, somete las finanzas de los Estados a ser esclavos de la deuda y se acompañe con la ideología de la postmodernidad que propicia la descomposición social y la pérdida de la dignidad humana, las tendencias contra la naturaleza y con ello la biodiversidad, no van a disminuir, sino que, por el contrario, se manifestará el agravamiento de los impactos contra el medio ambiente.

Algunos analistas advirtieron con anterioridad que, si la reunión Cali no tocaba el tema del Estilo de Desarrollo, el concepto que surgió en los años ochenta como resultado de un proyecto de la CEPAL, el evento quedaba siendo una botada de corriente internacional, de modo que desde el punto de vista turístico y los beneficios para la ciudad, ha sido un éxito rotundo; pero para la biodiversidad no quedan resultados significativos en los efectos de la COP16.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

EL PÉNDULO ELECTORAL DE USA

Según los resultados electorales de Estados Unidos y sin mayor profundidad investigativa, se puede deducir que también allá está operando el péndulo latinoamericano, en la elección de presidente, el cual tendría la misma causa general común para todos los países occidentales y podríamos afirmar que el derrumbe del modelo neoliberal, que está avanzando paulatinamente, ya comienza a tener las consecuencias electorales en ese país, que es la cuna del neoliberalismo. 

El descontento que producen, el desempleo, la inflación y la descomposición social, se lo achacan a los demócratas y probablemente, también las guerras, donde ese país tiene metidas las narices. Por lógicas razones, la reacción del electorado se va en contra y apoyan al candidato contrario, en este caso al republicano, sin considerar las características y riesgos de las propuestas de gobierno; más aún, cuando el candidato ha imputado las causas de la situación generalizada, a factores que su programa de gobierno pretende corregir. 

A todo esto, súmele la motivación del supremacismo norteamericano, que ya es histórico y ha estado anclado en la idiosincrasia de los habitantes, que pudo haber reactivado el discurso contra los inmigrantes latinos y las mercancías chinas, que constituyen un llamado a fortalecer el sentimiento nacionalista y el afecto por su país. Algo similar a lo que realizó Hitler en Alemania de los años 30 del siglo pasado, cuando motivó al electorado invocando la crisis económica y el mal trato que le dieron a ese país posterior a la primera guerra mundial. 

Lo cierto es que los cuarenta años de neoliberalismo y los síntomas del desplome que actualmente se están presentando, a todo el mundo occidental afectan por igual, y en Estados Unidos es el comienzo, independientemente de que sean los demócratas o los republicanos quienes ejercen el poder; pero, la reacción de la ciudadanía se va en contra del gobierno de turno. Así que no debe extrañar si el próximo año, el descontento le apunte al gobierno republicano y la añoranza se exprese a favor de los demócratas. 

No son predecibles las consecuencias del programa de Trump, en cuando a las acciones en contra de fuerzas internacionales. China no se quedará de brazos cruzados si se aplican las acciones que el candidato ha expresado; no es predecible la reacción de la OTAN si cumple sus propuestas; Rusia también tiene sus propios movimientos, así que el gobierno de USA no está solo en el mundo, sino que hay otros actores que tienen sus propios movimientos. Los BRICS siguen avanzando y no hay certeza sobre el desempeño futuro del dólar.

Por ahora el futuro es incierto, por lo cual solo se puede observar el pasado y lo cierto es que el electorado de ese país castigó a Biden, a pesar de que sus políticas fueron de corte democrático y con un significativo sentido social; probablemente, porque la ideología gringa que tradicionalmente ha sido alimentada con un sentimiento de superioridad frente al mundo, se siente mejor representado con las posturas de Trump, razón por la cual el vaivén de las olas electorales esta vez cambio de bando, presentándose como en Latinoamérica, el péndulo electoral de USA. 

viernes, 11 de octubre de 2024

LA DECADENCIA DEL DERECHO

 El siglo pasado y hasta 1990, la imagen pública de los magistrados de las cortes del orden nacional, llamadas también Altas Cortes, era de gran magnitud moral y ética, porque lo que se sabía, es que, para llegar a esa dignidad, se necesitaba hacer una carrera exitosa en el campo del Derecho, colmada de productos intelectuales y demostraciones de sabiduría. Los magistrados eran juristas con altas dotes de dominio de la filosofía y la teoría del derecho, que acreditaban credibilidad y respeto, por sus méritos profesionales, independencia y dotación de conocimiento sobre la materia en la que prestaban el gran servicio a la sociedad. 

Pero los tiempos cambian y ya en el tercer decenio del Siglo XXI, la realidad histórica se presenta diferente. Algunos analistas, inclusive, afirman que el derecho administrativo es anacrónico y el derecho laboral también, porque ya no existen las condiciones de la época cuando se creó por allá en tiempo de Napoleón, para el primero, ni el sistema económico tiene las características del capitalismo clásico del siglo XIX, cuando surgieron los derechos laborales. Y para completar, el presidente hace pocos dijo en un discurso ante la Corte Constitucional, después de dictar una clase magistral de historia económica, que es necesario revisar la jurisdicción constitucional. También la descomposición social propiciada por el neoliberalismo y la ideología de la postmodernidad, ha dejado dudas sobre la pertinencia de la jurisdicción penal, frente a la realidad que hoy vive el mundo occidental globalizado y en deterioro moral.

Por supuesto que es totalmente normal en el derecho, como en cualquier ciencia, que debe ajustarse al devenir histórico siempre cambiante, el cual crea nuevos escenarios para la acción y requerimientos específicos que respondan a las nuevas realidades que aparecen. Pero lo que más llama la atención en las esferas académicas y círculos de pensamiento, es la perdida de imagen de quienes desempeñan el protagonismo en los escenarios del más alto nivel, porque de ellos depende la confianza y tranquilidad de la sociedad, de modo que se garantice la seguridad de los factores de convivencia en el seno del conglomerado humano. Hoy, se dice que los magistrados son simples leguleyos con título de abogado, que llegan al alto cargo, ya no por los méritos de sabiduría y producción intelectual en las materias del derecho, sino por mecanismos inescrupulosos faltos de ética pública y moral profesional, basados en palancas y servilismo frente a los jerarcas de la politiquería elitista, en lo que constituye una situación que bien puede llamarse la decadencia del derecho.  

martes, 1 de octubre de 2024

LA GLOBALIZACIÓN DE LA MANO DE OBRA

Desde sus orígenes hace tres siglos, la teoría económica ha dicho que los factores de la economía en un país son Tierra, Capital y Trabajo, de cuya combinación depende la construcción del desarrollo, que, para ellos, era el crecimiento de la economía, sin considerar los aspectos sociales y humanos, que hoy, se consideran propiamente, como el núcleo del desarrollo.  

La forma clásica del capital, en su época, era la acumulación vestida con medios físicos de producción, destacando las máquinas en manos de los agentes del capital, que eran los empresarios, con las cuales se conformaba la industria y este componente era clave para la construcción del desarrollo. Pero, ya en siglo XX, los capitalistas rentistas, a quienes Keynes llamó especuladores del dinero, cuya acumulación no es en medios físicos sino monetaria, después de medio siglo de lucha lograron la conquista del Poder de Estado y en los años ochenta propician profundos cambios en el andamiaje mundial de la economía.  

Aprovechando los avances tecnológicos de la microelectrónica, logran implantar el modelo de globalización rompiendo las fronteras económicas de los países y propugnando por la consolidación de un solo mercado universal. Por supuesto, lo que les interesaba era la globalización del capital, ya en esta época, no con carácter de medios físicos de producción sino puramente monetario, convirtiendo el dinero en una mercancía.

La globalización del factor capital fue montada por las elites del poder económico mundial para facilitar la circulación libre de los flujos monetarios por todo el mundo, buscando mayores ganancias como producto de la renta, utilizando mecanismos políticos e institucionales o sea a través de organismos de los Estados, con la aquiescencia de los gobiernos. Fue un fenómeno construido deliberadamente por la ley humana para beneficio de unos pocos grupos económicos.

Pero como la ley de la naturaleza casi siempre se sobrepone por encima de la ley humana, las cosas no se quedaron así, simplemente a gusto de los capitalistas especuladores. Los otros factores de la economía, regidos por la ley del mercado, buscaron el acomodo a las condiciones de la economía global. El factor Tierra no se puede globalizar mediante desplazamientos físicos en el mercado mundial; pero llegaron los capitales internacionales a cualquier lugar del mundo, a comprar extensiones de terreno en ultramar. En cambio, el factor mano de obra, este si puede desplazarse, también movido por la ley del mercado, y se produjo el flujo migratorio de un país a otro buscando mejores oportunidades laborales.

La teoría económica decía que un factor emigra de un país cuando hay abundancia y los precios que le pagan son bajos, por lo cual se desplaza a otro país donde haya escases y el factor se paga a un precio más elevado. Los países subdesarrollados o del sur, disponen de mucha masa laboral con salarios bajos, por lo cual la ley de la naturaleza impulsa por motivos de subsistencia y equilibrio en la conservación de la especie, hacia destinos en Europa y Norteamérica.

Hoy, el fenómeno ha alcanzado magnitudes preocupantes para los gobiernos de países receptores, como lo registran las noticias sobre hechos en Estados Unidos, España, Inglaterra, Francia y otros, donde la llegada de latinoamericanos y africanos ha ocasionado una gran presión de demanda de bienes y servicios públicos, que debe afrontar el gobierno. Las corrientes migratorias han alcanzado volúmenes inimaginables, hasta con efectos humanitarios de graves consecuencias, como se aprecia en el mar Mediterráneo y en el Tapón del Darién, todo porque por fuerza de la ley natural que está actuando sin intervención de los Estados, pero motivada por el rebusque, está propiciando la globalización de la mano de obra. 

miércoles, 11 de septiembre de 2024

A PROPÓSITO DE LA BIODIVERSIDAD

La biodiversidad se define simplemente según el diccionario de la RAE, como “la variedad de especies animales y vegetales en su medio ambiente”, llamada también diversidad biológica y hace referencia a la variedad de especies vivas; concepto que toma relevancia en 1986 a raíz de un evento académico realizado en Washington. La alta biodiversidad se refiere al elevado número de especies vivas en el ámbito de un territorio, lo cual está determinado por la dotación geográfica, pero su conservación muy ligada a los procesos de desarrollo.

El asunto comienza a tratarse a raíz de la introducción de la dimensión ambiental en la teoría del desarrollo, cuyos principios ya se habían considerado sin mayor trascendencia a finales del siglo XIX a raíz del debate entre Malthus y Condorcet  e igualmente a comienzos del siguiente siglo en los escritos del italiano Oriani , pero que tomó fuerza después de 1987 cuando se presentó ante el Secretario General de Las Naciones Unidas el informe “Nuestro Futuro Común” elaborado por la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, luego de cuatro años de trabajo de evaluación del impacto del desarrollo sobre la naturaleza en el ámbito planetario, el cual es conocido también como el informe de la Comisión Brundthland o Informe Brundthland, en el que se dio el nacimiento a un concepto mayor y más complejo denominado el desarrollo sostenible o durable.

Ya antes, en 1972, había existido un punto de partida en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano llevada a cabo en Estocolmo, llamada también Primera Cumbre de La Tierra. El artículo 8 de la declaración final establece que hay una ligazón profunda entre desarrollo económico, desarrollo social y medio ambiente. En dicha conferencia se acordó un plan de acción para el Medio Humano e igualmente, la cuarta recomendación dio origen al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El primer término acuñado después de la cumbre fue el de “Ecodesarrollo”, que se le atribuye al primer director del PNUMA, pero que fue profundizado por otros autores, concepto que se puede ver como la antesala del concepto de Desarrollo Sostenible. Según Valcárcel, el enfoque del Ecodesarrollo busca armonizar cinco dimensiones o criterios para hablar propiamente de desarrollo: 1) Pertinencia social y equidad de las soluciones: la finalidad del desarrollo es ética y social; 2) Prudencia ecológica; 3) Eficacia económica: asegurar la eficacia a criterios macro sociales y no sólo de rentabilidad macroeconómica; 4) Dimensión cultural: perseguir soluciones aceptables; 5) Dimensión territorial: producir nuevos equilibrios espaciales.

Siguiendo la lectura citada del profesor peruano, encontramos que más adelante se introduce otro concepto que también se refiere a la relación del desarrollo con el medio ambiente. Dice Valcárcel que la Fundación sueca Dag Hammarskjold en su Informe de 1975 que titula “Qué Hacer, Otro Desarrollo”, establece varios principios de lo que denominan “El Otro Desarrollo”. Esto principios son: 1) Es generado para la satisfacción de necesidades, comenzando con la erradicación de la pobreza; 2) Es endógeno y autónomo; 3) Está en armonía con el medio ambiente; y, 4) Está basado en transformaciones estructurales. Agrega el autor que “El Otro Desarrollo” surge a partir de la disconformidad de la población con lo que se le llama “la sociedad de consumo”, la que se suele calificar como “sobredesarrollo” y la desilusión con el enfoque de la modernización que señalábamos anteriormente. Se destaca que para los partidarios del “Otro Desarrollo” no hay un patrón universal de desarrollo, sino que éste difiere de una sociedad a otra y por supuesto, de un momento histórico a otro.

Un tercer término que aparece antes de la introducción del “desarrollo sostenible” es el de “desarrollo sostenido” que se deduce de la lectura de un documento público altamente difundido titulado "Estrategia mundial para la conservación" publicado en 1980 por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el PNUMA y el World Wildlife Fund. En el documento se hace referencia a la necesidad de preservar los recursos vivos para un desarrollo sostenido, entendiéndose éste como el crecimiento económico que no vulnera los ecosistemas y que tiene un carácter permanente y de largo alcance.

Hasta que en 1987 aparece el Informe Brundthland que ya habla del Desarrollo Sostenible y lo define como "Un desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras, para satisfacer sus propias necesidades". 

De ahí en adelante, el término se repite casi en forma mecánica, pero más como un sueño o un propósito que como un fenómeno real. La Ley 99 de 1993 en Colombia señala en su Artículo 3º “se entiende por desarrollo sostenible el que conduzca al crecimiento económico, a la elevación de la calidad de la vida y al bienestar social, sin agotar la base de recursos naturales renovables en que se sustenta, ni deteriorar el medio ambiente o el derecho de las generaciones futuras a utilizarlo para la satisfacción de sus propias necesidades” y en el Artículo 1º de la misma ley establece que “el proceso de desarrollo económico y social del país se orientará según los principios universales y del desarrollo sostenible contenidos en la Declaración de Rio de Janeiro de junio de 1992 sobre Medio Ambiente y Desarrollo”, ambas normas como simple retórica pero sin aplicación real.

En la cumbre de Rio de Janeiro en 1992, se utiliza un término diferente: el de “Desarrollo Sustentable”, que ya antes, en 1984, se había usado en Ginebra. La declaración de Río de Janeiro, firmada por representantes de 200 países, ampliamente difundida y que se puede consultar por muchos medios, dice que "Los países industrializados aportarán recursos financieros nuevos y adicionales a los países en desarrollo a fin de cubrir los gastos suplementarios ocasionados por las medidas que hubiera que tomar para hacer frente a los problemas del medio ambiente y para generar el desarrollo sustentable".

Con esto se ha abierto otro debate en torno a los conceptos de Desarrollo Sostenible y Desarrollo Sustentable. Se han hecho análisis desde el punto de vista lingüístico y conceptual, donde para algunos son lo mismo o idénticos y para otros son diferentes. El profesor Villamizar cita el análisis lingüístico de Alexis Márquez, quien llega a la conclusión de que ambos términos son lo mismo. Pero él considera que conceptualmente son diferentes y señala que “Desarrollo sostenible es aquel tipo de desarrollo que se da en una nación que puede mantener o sostener el equilibrio en la parte social, económica y ambiental y desarrollo sustentable es el tipo (de) desarrollo que genera una mejor calidad de vida, sin dejar que el consumismo afecte las generaciones futuras”. Igualmente, desde la CEPAL se consideró que ambos conceptos son lo mismo según se deduce del siguiente texto: “Las contradicciones expuestas con relación al concepto de desarrollo han llevado a utilizar en forma dominante en el mundo un concepto calificado con mucha frecuencia como difuso y contradictorio: el desarrollo sostenible o sustentable. Se le acepta porque, inconsciente o conscientemente, deja en la penumbra las numerosas interrogantes y contradicciones derivadas del tránsito abstracción–concreción de las definiciones sobre desarrollo”.

Para Villamizar, el desarrollo sostenible lo único que hace es mantener la línea de estándares permitida, mientras que el sustentable es aquel que crea o genera una mejor calidad de vida.

Desarrollo Sostenible es el término que se le da al equilibrio en el manejo del planeta en tres ámbitos: ambiental, social y económico, teniendo en cuenta que, ningún recurso renovable se debe utilizar a un ritmo superior al de su producción, ningún contaminante se debe generar a un ritmo superior al que pueda ser reciclado, neutralizado o absorbido por el ambiente y ningún recurso no renovable se debe aprovechar a mayor velocidad de la necesaria para sustituirlo por un recurso renovable utilizado de manera sostenible.

Mientras que el Desarrollo Sustentable es un proceso integral que exige a los distintos actores de la sociedad compromisos y responsabilidades al aplicar mecanismos económicos, políticos, ambientales y sociales, así como en los patrones de consumo que determinan la calidad de vida. El Desarrollo Sustentable requiere manejar los recursos naturales, humanos, sociales, económicos y tecnológicos, con el fin de alcanzar una mejor calidad de vida para la población y, al mismo tiempo, velar porque los patrones de consumo actual no afecten el bienestar de las generaciones futuras.

En los años ochenta también, surge otra corriente de pensamiento estrechamente relacionada con el tema ambiental, que introduce una contribución muy importante para crearle un “género” a la “especie” que ya se ha comentado en renglones anteriores.

Entre 1978 y 1980 se desarrolló un proyecto en la CEPAL denominado “Estilos de desarrollo y medio ambiente en la América Latina”, considerado muy importante en el pensamiento de la región, el cual se orientó al análisis de la relación del desarrollo con el medio ambiente. Este proyecto definió los lineamientos de las asesorías a los países de la región en los temas relacionados con dichas materias.

De los textos se deduce que el propósito de los investigadores de la CEPAL no era el de definir un género para la especie del desarrollo sostenible, sino que a finales de los años setenta se había creado interrogantes acerca de que, después de tres decenios de avanzar en la teoría del desarrollo y realizar esfuerzos en esta misma dirección, aún seguían existiendo diferencias en los niveles de desarrollo de los países. Dice un documento de la CEPAL que “En el decenio de los sesenta, en América Latina surgió una manifiesta disconformidad porque no se alcanzaba el objetivo del desarrollo de lograr niveles de ingreso, patrones de consumo y estructuras económicas similares a los países capitalistas desarrollados (Villamil, 1980). En especial, había descontento porque no se vertía en calidad de vida los logros del crecimiento económico.” Y a raíz de esto, dos de los investigadores (Pinto y Graciarena), “señalaron la necesidad de la utilización del concepto de estilo de desarrollo para poder captar mejor las diferencias entre países y poder así llegar a recomendaciones más apropiadas para modificar los patrones vigentes de desarrollo”

Como todo concepto nuevo, éste abre las puertas a un gran debate y a la posibilidad de complementarle aspectos y dar virajes en su interpretación y utilización; más cuando el propósito de explicar los fenómenos reales del desarrollo desigual de las nacionales se realizaba considerando la dimensión ambiental. Otros autores realizaron aportes e interpretaciones a los planeamientos iniciales y de la misma manera, podemos realizar algunas deducciones y sacar conclusiones que nos permiten precisar la conceptualización para aplicarla con fines prácticos.

En el libro “Estilos de desarrollo y medio ambiente en América Latina”, se encuentran los siguientes textos:

“Según las definiciones más satisfactorias para nuestros fines, un estilo de desarrollo constituye “la manera en que dentro de un determinado sistema se organizan y asignan los recursos humanos y materiales con objeto de resolver los interrogantes sobre qué, para quienes y cómo producir los bienes y servicios”, o “la modalidad concreta y dinámica adoptada por un sistema en un ámbito definido y en un momento histórico determinado” (Osvaldo Sunkel, pag. 25).

El concepto de estilo de desarrollo “obedece a cierta disconformidad con la definición del desarrollo, concebido como un proceso homogéneo con etapas predeterminadas y cuyo objetivo es alcanzar niveles de ingreso, patrones de consumo y estructuras económicas similares a las de los países capitalistas industrializados. Se pensaba que la utilización del concepto de estilos permitiría captar mejor las diferencias entre países y poder así llegar a recomendaciones más apropiadas para modificar los patrones vigentes de desarrollo” (José Villamil, pag. 91).

Pero quien ha sido más claro en sus apreciaciones ha sido Anibal Pinto cuyo artículo fue publicado en la Revista de la CEPAL del primer semestre de 1976 y posteriormente en la Revista de la CEPAL Nº 96 de diciembre de 2008.

Pinto reconoce la definición de Graciarena ya citada por Sunkel, que dice que estilo de desarrollo es “la modalidad concreta y dinámica adoptada por un sistema en un ámbito definido y en un momento histórico determinado”. Pero para los fines de nuestro análisis, tomamos la del mismo autor que dice: “Desde un ángulo económico estricto podría entenderse por estilo de desarrollo la manera en que dentro de un determinado sistema se organizan y asignan los recursos humanos y materiales con el objeto de resolver los interrogantes sobre qué, para quiénes y cómo producir los bienes y servicios”

Pinto reconoce como sistema económico solo dos opciones: el Capitalismo y el Socialismo, cada uno con su propio mecanismo de funcionamiento: el primero con el mercado y el segundo con la planificación central.

En la definición más elemental, el sistema económico es el mecanismo que articula las interacciones de los procesos de producción, distribución y consumo, procesos estos que se realizan dentro de sus correspondientes estructuras, o sea dentro de la estructura de producción, la estructura de distribución y la estructura de consumo. La sociedad establece el sistema con el propósito de garantizar el suministro de los bienes y servicios necesarios para la conservación de la especie humana, el cual, por su carácter sistémico, es un conjunto dinámico que, como todo sistema, conlleva un mecanismo de funcionamiento.

De las diferentes apreciaciones que los autores han realizados sobre el sistema económico, se deduce que el mecanismo de funcionamiento del sistema se localiza en la estructura de distribución imprimiéndole la dinámica que todo sistema tiene. En el sistema capitalista el mecanismo de funcionamiento es el mercado y en el sistema socialista el mecanismo de funcionamiento es la planificación central.

De otro lado, el concepto de Pinto sobre el Estilo de Desarrollo nos evoca dos autores suficientemente conocidos: Paul Samuelson y Carlos Marx. 

Samuelson en su obra Curso de Economía Moderna  dice que toda sociedad ya sea comunista o capitalista, se enfrenta “de un modo u otro, con tres problemas económicos fundamentales y relacionados entre sí” 1º) Qué bienes se van a producir y en qué cantidades, es decir cuántas y cuáles mercancías entre las muchas posibles; 2º) Cómo se van a producir, o sea por quién y con qué medios y técnica y 3º) Para quién se van a producir, es decir, quién va a disfrutar de los bienes y productos obtenidos; y complementa diciendo que “Los problemas de qué, cómo y para quién se ha de producir no constituirían ninguna dificultad si los recursos fuesen ilimitados, si se pudiesen producir infinitas cantidades de cada producto y si las necesidades humanas estuviesen totalmente satisfechas, no importando entonces que se fabricase demasiada cantidad de una determinada cosa, ni que el trabajo y los materiales se combinases o no adecuadamente.” 

Por su parte, la teoría del Materialismo Histórico de origen marxista, nos lleva al concepto de “Modo de Producción”, que se refiere a la forma “en que se organiza la actividad económica en una sociedad, es decir, la producción de bienes y servicios, su distribución y consumo entre sus miembros para satisfacer sus necesidades.”

Autores estudiosos de Marx como Athusser y Harnecker conciben el Modo de Producción como una estructura compuesta por tres instancias: Instancia Ideológica, Instancia Política e Instancia Económica, esta última catalogada como la base de la organización social y factor determinante de los sucesos en las otras dos instancias.

Para el materialismo Histórico, la Base Económica está integrado por dos elementos: 1) Las Fuerzas Productivas y 2) Las Relaciones Sociales de Producción.

En las fuerzas productivas se incluyen: 1) Los objetos de trabajo, 2) Los medios de trabajo y 3) La fuerza de trabajo. Los objetos de trabajo y los medios de trabajo constituyen los Medios de Producción.

Para no ser doctrinarios, veamos lo que nos dice Wikipedia al respecto:

“Según la teoría marxista, los medios de producción son los instrumentos y materiales que intervienen en el proceso de trabajo. Están constituidos por las materias primas, las máquinas, las herramientas, el dinero, así como por las unidades de producción, es decir, los talleres y fábricas. También son medios de producción las oficinas, los almacenes y los vehículos de transporte. Los medios de producción son inherentes a todos los modos de producción, es decir, intervienen tanto en el sistema esclavista, como en el feudal o el capitalista. En cada uno de ellos estarán en manos de una clase social diferente. Cuando se aplican a la producción se transforman en capital, convirtiéndose entonces en instrumento de explotación de los trabajadores.”

En las Relaciones Sociales de Producción se incluyen los términos y condiciones de las interacciones de los actores para realizar el proceso productivo. Estas relaciones dependen de la forma de tenencia o propiedad de los medios de producción y determinan la forma como interactúan los tenedores de los medios en relación con los poseedores de la fuerza de trabajo, quienes no son tenedores de medios. Marx describía el fenómeno diciendo que “… el capitalista les compra con dinero el trabajo a los obreros. Estos le venden por dinero su trabajo. Pero esto no es más que la apariencia. Lo que en realidad venden los obreros al capitalista por dinero es su fuerza de trabajo. El capitalista compra esta fuerza de trabajo por un día, una semana, un mes, etc. Y, una vez comprada, la consume, haciendo que los obreros trabajen durante el tiempo estipulado.” 

Según esta teoría sociológica, cada modo de producción tiene un sistema económico de tal manera que las características de este sistema dependen o están determinadas, por las relaciones de producción. En ese sentido, la especificidad del sistema económico la impone las relaciones de producción. O sea que la identidad del sistema capitalista que corresponde al Modo de Producción Capitalista, está determinada por la propiedad privada de los medios de producción y las relaciones que de ésta se derivan, las cuales se realizan en el mercado, escenario donde se ejecuta la compra-venta de la fuerza de trabajo y las demás mercancías, por lo cual el mercado es el mecanismo que le imprime la dinámica al sistema o sea el mecanismo de funcionamiento.

En tal caso, si se toma la definición de Pinto sobre “estilo de desarrollo” y se aprecia desde la óptica del Materialismo Histórico, cuando Pinto dice que “la manera en que dentro de un determinado sistema se organizan y asignan los recursos humanos y materiales”, el autor está afirmando que dentro del mismo sistema económico de mercado, es decir manteniendo el Capitalismo, es posible cambiar la organización y asignación de las Fuerzas Productivas, o sea la fuerza de trabajo y los medios de producción. Por lo tanto, así como las Relaciones Sociales de Producción le imprimen la identidad al Sistema Económico, las Fuerzas Productivas le imprimen la identidad al Estilo de Desarrollo.

Entonces: El Desarrollo Sostenible es un Estilo de Desarrollo.

El Estilo de Desarrollo Sostenible es una propuesta alternativa de organización y asignación de las fuerzas productivas para responder a los interrogantes de qué, cómo y para quien se ha de producir en el sistema económico imperante, con la condición de que esa forma de organización y asignación, se efectúe en plena armonía con la ley natural, lo que implica equilibrio entre lo social, lo ambiental y lo económico.

En tales condiciones, la biodiversidad y su conservación, está sujeta a las características del Estilo de Desarrollo. Es claro que cada territorio tiene su propia dotación cuantitativa de especies vivas porque esto depende la ley natural; pero ya en el comportamiento humano se pueden dar los casos de conservación o destrucción de la biodiversidad, fenómeno que sí es deliberadamente producido por la especie humana, que, de manera racional y consciente, puede establecer el estilo de desarrollo apropiado para uno o el otro de los efectos contra la biodiversidad. Por tal razón, realizar un evento internacional para discutir los temas asociados a la conservación de la biodiversidad sin contemplar los aspectos inherentes al estilo de desarrollo, no pasa de ser una simple botada de corriente.

lunes, 2 de septiembre de 2024

EL PAISAJE CULTURAL REGIONAL

La iniciativa del alcalde de Cali sobre la constitución del Paisaje Cultural de la caña de azúcar, nos evoca otro caso similar muy conocido, que, posterior a la terminación del pacto mundial cafetero, se conformó en la zona territorial conocida como el eje cafetero. 

Si miramos ese caso, encontramos claramente los méritos para tal declaratoria, ya que el café, desde finales del siglo XIX, constituyó el motor de la acumulación originaria de capital en Colombia, cuyo mecanismo fue protagonizado directamente por los arrieros, agentes de la comercialización y los servicios, que sembraron las raíces para la creación de los bancos y las empresas industriales ya en siglo XX, o sea que el capitalismo entró al país gracias al café. 

Las costumbres y tradiciones de los arrieros, complementadas con la acción institucional de todo el conjunto de la organización cafetera encabezada por la federación, más el Fondo Nacional, las cooperativas y la red de compradores, conformaron un mecanismo que enraizó la cultura o idiosincrasia muy particular, que hoy todavía se conserva. El calor humano, la hospitalidad, el servicio, la amabilidad, la tradición familiar, entre otros, son patrones mentales de conducta que están arraigados en la población asentada en esa zona y que se han sostenido, a pesar de los embates de la ideología de la postmodernidad que invadió el continente después de 1980. 

Pero, parece, que el alcalde de Cali cree, que el paisaje se refiere a un efecto visual como una fotografía, sin tener en cuenta que es un marco o panorama complejo, que encierra elementos económicos, sociales, ideológicos y físico-espaciales. Si examinamos el papel de la caña de azúcar en este contexto, no encontramos mérito para declarar un paisaje cultural en torno a esta actividad. Que fue un factor relevante en la creación de una demanda de consumo regional favorable al nacimiento del polo industrial de 1958, es cierto. Pero también estaban Buenaventura, la capacidad energética de los ríos Anchicayá y Calima lo mismo que el recurso del carbón en la cordillera, además de la capacidad edafológica del valle geográfico, que ya había sido estudiada previo a la creación de la CVC, factores que bien hubieran podido ser fortalezas para crear el mismo polo industrial de la política nacional cuando introdujeron el modelo de la Cepal.

Por supuesto que no extraña la postura del alcalde, quien no ha demostrado ser el más competente para abordar e intervenir en los verdaderos problemas de territorio y se ha dedicado de manera distraída a realizar acciones que no concuerdan con los postulados la gerencia pública, hoy que tanto se necesitan, y se ha dedicado a temas intrascendentes, como este donde se contempla el paisaje cultural regional.