Transcurrida ya la
cuarta parte del siglo XXI, se aprecian fenómenos trascendentales, que auguran
cambios profundos, tanto en el ordenamiento económico mundial, como en las
ocurrencias internas de los países, principalmente los del sur, que están
sometidos a las consecuencias de los hechos de los centros de poder global. Con
ello, se espera que el cuarto decenio del siglo, llegue con nuevas condiciones
socioeconómicas y por lo tanto con implicaciones en materia de gestión pública,
ya sea desde el papel del Estado o desde el papel de los actores sociales. Los
hechos observados de magnitud planetaria, durante la primera mitad del tercer
decenio, tanto en lo económico como en lo político, permiten inferir que ya no
es procedente hablar de la globalización, y ni siquiera del capitalismo
rentista con identidad neoliberal, porque los cambios que se avecinan,
probablemente, signifiquen otros patrones en el ordenamiento mundial, lo que
hace probable que para después de 2030 haya que hablar del postglobalismo.
Un conjunto de
casos ocurridos en el período del primer cuarto de siglo, se observa con
facilidad en diversas partes del mundo; lo mismo que publicaciones y
manifestaciones de analistas, académicos y autores, que hacen referencia a
fenómenos sintomáticos de los cambios profundos que se prospectan para el
cuarto decenio del siglo. Independientemente de la cronología y de la relación
con la gestión pública, algunos ejemplos se contemplan en este artículo, que
conducen a la reflexión acerca de los alcances de la ciencia de la
administración pública en el contexto de los fenómenos del futuro.
En el conjunto de
ejemplos a tener en cuenta, se encuentra el modelo de la “Economía del Donut”
expuesto por Kate Raworth (Paidós, 1018) para Ámsterdam, en el que se
considera, que se trata de un crecimiento sostenible y de claro matiz social;
en el que, la valoración de costos, debe integrar todas las variables
extraeconómicas que afecta, y las interconexiones de las repercusiones que
ocasionan las medidas. “Cualquier empresa u organización debería dejar de
centrarse en una única variable (el beneficio financiero, que solo repercute en
la empresa y sus accionistas) para empezar a tener en cuenta otros tipos de
‘valor’ en los que basar el diseño de la actividad y la evaluación de
resultados: variables sociales y medioambientales”, dice el comentarista
Agustín Velasco.[1]
Otro ejemplo se
refiere a la llamada “Teoría del Decrecimiento”, que el conocido economista
francés Serge Latouche expuso, considerando como criterios básicos:
i) Reevaluar los
valores individualistas y consumistas y sustituirlos por ideales de
cooperación,
ii)
reconceptualizar el estilo de vida actual,
iii) reestructurar
los sistemas de producción y las relaciones sociales en función de la nueva
escala de valores,
iv) reducir el
impacto generado por el transporte intercontinental de mercancías,
v) simplificar la
gestión local de la producción,
vi) redistribuir la
riqueza,
vii) reducir el
consumo, simplificar el estilo de vida de los ciudadanos.
Según el autor, el
Decrecimiento apuesta por una vuelta a lo pequeño y a lo simple; a aquellas
herramientas y técnicas adaptadas a las necesidades de uso, fáciles de
entender, intercambiables y modificables. Implica reutilizar y reciclar,
alargar el tiempo de vida de los productos para evitar el despilfarro, evitar
el diseño de productos obsolescentes, entre otras características, dice
Alejando Martin [2]
El experto Nathan
Hagens decía en 2012 en una entrevista que
“Los riesgos del sistema son más altos de lo que lo
han sido nunca. Pero las oportunidades para dar forma a un futuro con sentido
también son altas. Estamos entrando firmemente en un terreno de transición y
una conducta prosocial por parte de todos nosotros será un gran contrapeso al
estrés inevitable que se generará ante esta situación. Y desde mi perspectiva,
tenemos una profunda necesidad de una nueva narrativa cultural lejos del
consumo llamativo y las turbofinanzas. Vivimos en tiempos interesantes: nuestras
decisiones y conductas tendrán impacto en cómo será el futuro. Todo el mundo
tiene que vivir y disfrutar su vida, pero esperemos que con un ojo en el futuro
y un sentido de la responsabilidad y la comunidad.”[3]
Francisco Collado,
refiriéndose a Jeremy Rifkin y su obra “La sociedad de coste marginal cero”
(Paidós, 2014), dice que el autor pronostica el surgimiento de un nuevo
paradigma económico denominado el "procomún colaborativo", el cual,
en primer término, brinda un panorama de Internet y las nuevas tecnologías que
han permitido convertir a las personas tanto en consumidores como en creadores
de bienes y servicios. En segundo término, dice que Rifkin teoriza sobre
distintas innovaciones presentes en la tercera revolución industrial que
vivimos actualmente, para lo cual es fundamental el concepto de "Internet
de las Cosas" (IdC); y la reducción continua del coste marginal por parte
del capitalismo. Collado dice que
“El tercer bloque comienza con el redescubrimiento del
"procomún". Señala Rifkin que además de la propiedad pública y
privada, existe una tercera categoría de la propiedad según su titularidad. Es
una propiedad pública en tanto que pertenece y es gestionada por el conjunto de
la sociedad, pero no está en manos de los particulares ni del Estado. Esto
conformaría el denominado "procomún" que apenas aparece reseñado en
algunos estudios antropológicos y ha desaparecido para gran parte de la
literatura académica.”[4]
Complementa la
reseña diciendo que “El procomún supone la finalización de los cercamientos
de propiedad, de las patentes, de los derechos intelectuales y otros tantos,
por lo que lo realmente necesario es el acceso a los bienes, servicios y
materiales y no la propiedad, que ya no pertenecería en particular. ni a lo
privado ni a lo público”.
Rikfin realiza una enumeración de las prácticas
favorables al procomún en la vida diaria: Primero: la microfinanciación y el
crowfunding entre iguales, favoreciendo el mecenazgo cívico. Segundo: la
creación de una moneda virtual y un sistema de reputación valorativa para
facilitar que las personas puedan financiarse salvando las distancias
geográficas y la falta de información. Tercero: un empresariado social sin
ánimo de lucro y con unos intereses colectivistas y voluntaristas dirigidos a
consolidar la infraestructura social. Cuarto: nuevos tipos de empleos que
permiten la transición del mercado capitalista al del procomún. Estos nuevos
trabajos estarán dirigidos a mejorar la infraestructura social y se basarán en
sectores como la educación, la sanidad y las artes. Los trabajos tradicionales
relacionados con la provisión del Estado de bienestar pasarán a manos del
empresariado social”
Otro de los casos
para citar en este conjunto de ejemplos, es el comentado por Guillem Pujol,
haciendo referencia al economista y político griego Yannis Varoufakis, de quien
dice que
“ha enfatizando que las tecnologías digitales están
facilitando una nueva forma de capitalismo que se distancia del neoliberalismo.
Varoufakis argumenta que la digitalización de la economía ha permitido a las
Big Tech acumular poder no solo mediante la acumulación de capital sino también
controlando los flujos de información y datos. Él ve esta tendencia como una
amenaza para la democracia y la soberanía de los estados, ya que estos gigantes
tecnológicos operan a menudo más allá del alcance de las regulaciones
nacionales”[5]
El analista
geopolítico argentino Marcelo Ramírez, en el canal de YouTube “Humo y Espejos”,
plantea en términos concretos, el fin de la globalización y la conformación de
macrorregiones, en torno a Estados Unidos, Rusia, China, el Bloque Islámico,
entre otras; lo cual significa profundos cambios en la geopolítica mundial,
según los sucesos del tercer decenio, donde los conflictos bélicos han sido
relevantes, como es el caso de Rusia/Ucrania y el del Medio Oriente. Así mismo
la conformación de los llamados BRICS, liderados por Brasil, Rusia, India,
China y Suráfrica, que promueven un nuevo sistema de pagos internacionales por
fuera del dólar como unidad monetaria y que está aglutinando un número
significativo de países.
Los acontecimientos
políticos en Estados Unidos y la Unión Europea, que son centros de poder
global, cuyas decisiones repercuten en todos los lugares del planeta, muestran
tendencias que no se pueden desconocer. Por ejemplo, la pérdida de poder en
2025, por parte de los grupos que durante los últimos veinte años tuvieron en
sus manos el gobierno de Estado Unidos, implica el descenso de los fondos
globalistas, el complejo industrial militar y la FED, cuya política en torno al
Nuevo Orden Mundial que fue difundida desde el principio del siglo, ya no
muestra la misma fuerza, con implicaciones en la comunidad europea y el medio
oriente.
Es decir, los
eventos del tercer decenio obligan a pensar en cambios profundos en el
ordenamiento económico mundial y una modificación substancial en la geopolítica
que, probablemente, ocasionará cambios también en el interior de los países,
principalmente los del Sur global, que tendrán repercusiones en la
estructuración del Estado y el manejo de los procesos públicos, por lo cual es
procedente hacer una reflexión sobre los retos y alcances que tendrá la ciencia
de la administración pública.
Los análisis
apuntan hacia la conclusión de que el modelo neoliberal llegará a su fin; como
se anotó en el libro “La Ciencia del Estado Hueco”, por
causa de la agudización de sus contradicciones dialécticas que producirá la
ruptura histórica, tal como lo señala la teoría del Materialismo Histórico. Se
ha señalado que la causa principal se debe a que, este modelo, convirtió el
dinero en una mercancía y que debido a ello, se produjo el desbalance entre el
componente real de la economía y el componente monetario, que en algún momento
tendría que reventar. Como se aprecia, las economías no crecieron, sino que se
inflaron, a través de cifras publicadas en pantallas digitales; mientras el
componente monetario incrementaba las cifras, el componente de bienes y
servicios presentó síntomas de desecamiento. El gran volumen de acumulación se
concentró en el sector monetario, quedando rezagado en acumulación el aparato
productivo.
Bien vale recordar
lo anotado en dicho libro, sobre la explicación simple del fenómeno, utilizando
la Teoría Cuantitativa del Dinero, que por simple lógica y sin mayor esfuerzo
investigativo, permite comprender el caso del desplome del capitalismo rentista
con sustento neoliberal. Desde el siglo XVI, los pensadores Martin Azpilcueta
(español) y Jean Bodin (francés), habían expuesto la idea de la relación entre
el componente monetario y el sector real, expresado en una ecuación que permite
apreciar los efectos en cada una de las partes, según los movimientos de las
variables de la otra parte. Pero principalmente, permite evidenciar que siempre
el sector monetario tiene una contrapartida en el sector real, por lo cual debe
mantener correspondencia equitativa entre las dos partes de la ecuación, para
efecto de que el desbalance no repercuta en el movimiento de cualquier otra de
las variables asociadas, como ocurre en este caso, donde el nivel general de
precios, es la variable mediante la cual se equilibra la ecuación, cuando la
cantidad de producción de la economía se queda rezagada frente al volumen del
componente monetario. El nivel general de precios se eleva tanto, que el
sistema no permite el sostenimiento del balance. Todo porque el haber
convertido el dinero en mercancía, genera un ritmo de acumulación acelerado
mediante transacciones monetarias, concentrando en el componente monetario la
mayor acumulación y dejando rezagada la acumulación en el sector real; y con
ello, el desecamiento del aparato productivo que repercute en la oferta real de
bienes y servicios. Se desboca inicialmente una inflación descontrolada, que
luego general la recesión y termina en crisis generalizada, lo que obliga al
diseño de un nuevo modelo.
También han sido
fenómenos relevantes de esta etapa:
i) El haber
modificado la estructura de financiamiento del Estado, convirtiendo el
organismo en un deudor permanente y esclavo del mercado de capitales, hasta
llegar al ahogamiento de las finanzas públicas. El volumen de deuda pública de
casi todos los Estados, ha creado limitaciones a la gestión pública, que se
traduce en incremento de las desigualdades sociales y expansión de la pobreza
de la sociedad, como se puede observar, en la zona euro, donde estos ha tenido
consecuencias políticas.
ii) La pérdida del
poder adquisitivo del salario, sumada a la elevación de precio de los bienes
públicos por motivo de las privatizaciones, deterioró el ingreso familiar y
empujó hacia el empobrecimiento masivo.
Según los
analistas, los cuatro decenios de neoliberalismo global han dejado un balance
social muy pobre. El 4 de abril de 2020, el Financial Times, con sede en el
Reino Unido, publicó un editorial que decía:
“Será necesario
poner sobre la mesa reformas radicales que reviertan la orientación política
predominante de las últimas cuatro décadas. Los gobiernos tendrán que aceptar
un papel más activo en la economía. Deben considerar los servicios públicos
como inversiones en lugar de pasivos, y buscar formas de hacer que los mercados
laborales sean menos inseguros. La redistribución volverá a estar en la agenda;
los privilegios de los ancianos y los ricos estarán en tela de juicio. Las
políticas que hasta hace poco se consideraban excéntricas, como los impuestos a
la renta básica y al patrimonio, tendrán que estar en la mezcla”,
reconociendo la gravedad de la situación del modelo.
Reconocidos
economistas como Thomas Piketty, Emmanuel Zaes y Gabriel Zucman, entre otros,
han estudiado la economía durante muchos años y han sacan conclusiones sobre
los últimos cuarenta, época del neoliberalismo, de la cual se destaca la
concentración de la riqueza, como consecuencia de las reglas que rigen esta
modalidad del sistema, lo mismo que las debilidades del Estado derivadas de la
política fiscal. Mariana Mazzucato, con otro grupo de economistas femeninas,
también ha analizado el fenómeno y ha destacado el papel del Estado en materia
de desarrollo. Así mismo, organizaciones como OXFAM en sus trabajos, ha hecho
énfasis en el fenómeno de la desigualdad y la agudización durante las últimas
cuatro décadas, como también lo han expuesto economistas premiados como Joseph
Stiglitz, Paul Krugman y Jeffrey Sachs.
La concentración de
la riqueza mundial y la agudización de la desigualdad social es un tema que
siempre ha sido preocupación, no solo de los economistas y sociólogos, sino
también de los políticos; ya que este tema constituye el eje del debate sobre
la conservación de la especie humana y el cumplimiento de la función biológica
del sistema económico. Para no ir más atrás, desde mediados del siglo XIX ha
sido el eje de la discusión política y motivo de las propuestas para la
solución del magno problema. El enfoque marxista, se ha concentrado en el tema
de la lucha de clases; y su propuesta es el cambio del sistema económico, para
implantar otro sistema que tenga un mecanismo de funcionamiento diferente al
mercado, al que se le atribuye la causa de la desigualdad. Esta propuesta se
mantuvo vigente hasta finales del siglo XX, cuando el derrumbe de la URSS, con
sus sistemas planificados, demostró las falencias de la planificación central,
como mecanismo de funcionamiento del sistema económico. La historia se encargó
de reiterar las bondades del mercado como mecanismo de funcionamiento del
sistema, lo cual implica que el fenómeno de la desigualdad social y la
concentración de riqueza en pocas manos y pocos lugares, deberá ser tratada con
una alternativa diferente, al cambio del mecanismo de funcionamiento del
sistema económico. Es decir, tendrá que continuar la economía, sujeta al uso
del mercado, como mecanismo de funcionamiento del sistema.
Esta realidad, la
de aceptar el mercado como mecanismo único de funcionamiento del sistema
económico, trasladó el debate a otro escenario diferente al del siglo anterior,
cuando se confrontaban las posturas de: por un lado, el capitalismo, y, por el
otro, el socialismo clásico, el de las economías planificadas. Se justifica
aclarar el término “socialismo clásico”, porque se conoce el caso de China,
donde se muestra que es posible un sistema socialista utilizando como mecanismo
de funcionamiento el mercado; igualmente, porque en Latinoamérica se estuvo
hablando durante algún tiempo, sobre el “socialismo del siglo XXI”, en el cual
destacan autores como Allin Cottrell y Paul Cockshott y que fue ampliamente
publicitado en Venezuela.
Al aceptar que el
mercado es el mecanismo de funcionamiento más adecuado para la economía, se
relieva el hecho que el debate gira en torno al Estado y que las posturas
antagónicas se sustentan, por un lado, una economía con intervención del Estado
y por el otro, una economía con libre juego de mercado. Ya no se discute sobre
la permanencia o eliminación del mercado, sino sobre el tipo de Estado que
garantice los objetivos sociales. Pues como ya se sabe, el mercado tiene en su
particularidad, que el concepto de racionalidad propicia la concentración de
valor en unos puntos, dejando otros carentes de esta riqueza.
Aquí es conveniente
tener en cuenta nuevamente el planteamiento sobre el Estado Hueco hecho por Brinton
Millward de la Universidad de Arizona, porque los hechos en el tercer decenio
del presente siglo muestran que el llamado “hueco” haciendo referencia a el
vaciado de los bienes públicos, va más allá y no se refiere simplemente al
interior del organismo, sino a la totalidad del mismo. Comentaristas de prensa
han señalado lo que denominan la “privatización del Estado mismo”, haciendo
referencia a la afectación de la soberanía con la separación del banco central
de las manos del gobierno, siendo que el banco era un instrumento para
intervenir en la economía y ahora es una autoridad económica que se rige por
las reglas de juego del mundo financiero global. Así mismo, hacen referencia a
la fijación del precio de las divisas, que corresponde al mercado, a la tasa de
interés de referencia que corresponde al banco central, a la imposición de
aranceles que está bajo la mirada de la OMC y los tratados internacionales.
Pero, principalmente, los comentaristas se refieren a la incidencia del régimen
político, que a pesar de que se denomina “Régimen Democrático”, sus
características se apartan de la etimología del término que lleva por título,
de modo que las fuerzas de poder económico y el papel de las corporaciones
multilaterales, condiciona la autonomía política del gobierno para desempeñar
su función administrativa.
En estas
circunstancias, e independientemente de que el organismo sea objeto o sujeto de
conocimiento de la ciencia, el manejo del Estado es trascendental para la
conservación de la especie humana. Los economistas han reducido la economía a
las leyes del mercado, con su racionalidad de carácter financierista, y la
justificación de las decisiones con argumentos de esta racionalidad; alejándose
de la génesis del sistema económico que, desde el paleolítico, nació como
producto del instinto de conservación y sujeto a la ley de la naturaleza; que,
como instrumento de la especie, tiene la misión de la conservación de la vida
humana sobre el globo terráqueo. Hoy la economía es el mercado y la
rentabilidad, para alimentar el crecimiento que no es cosa diferente a la
acumulación de valor en términos de capital.
El reto inicial es
la liberación del gobierno de las manos del régimen político. Los hechos
muestran que el gobierno está secuestrado por el régimen político y la Rama
Administrativa del Poder Público, está esclavizada y sometida a las
imposiciones del régimen político, por lo cual, siendo esta el Poder Ejecutivo
que opera en representación del Estado, no se le permite desplegar las acciones
necesarias para cumplir los fines esenciales del Estado consagrados en la
constitución; pues la acción de la Rama, se orienta prioritariamente, a
satisfacer los requerimientos del régimen político y en menor grado, a
solucionar problemas y satisfacer necesidades de la sociedad. Por lo tanto,
corresponde a la ciencia de la administración pública, rescatar el gobierno y
colocarlo al servicio del método científico de la esta disciplina. Como ya se
ha anotado anteriormente, la administración pública contiene las dos esferas:
la esfera del conocer y la esfera del hacer. La primera bajo la responsabilidad
de la ciencia y la segunda, bajo la responsabilidad del gobierno. Pero el
gobierno no se está sometido a las reglas de la ciencia sino a las reglas del
régimen político y este, sustentado en normas constitucionales y legales. Por
lo tanto, corresponde a la disciplina de conocimiento la magna tarea de
confrontar el andamiaje jurídico y rescatar el gobierno para someterlo a los
patrones que rigen el método científico. Se trata de que el cuerpo de elite,
conformado por los científicos de la administración pública, utilizara el arma
del método para confrontar el poder político y mediante argumentos técnicos
pudiera realizar el rescate.
La pregunta que
surge entonces, es: ¿qué sucederá cuando se desplome totalmente el modelo
neoliberal, que ha sido construido sobre la base del libre mercado y la
racionalidad derivada de la rentabilidad producida por el libre juego de oferta
y demanda?
Porque en 2008, se
presenció el campanazo inicial y en el tercer decenio del siglo, se están
observando los síntomas relevantes, como son la inflación continuada, el
endeudamiento exagerado, las carteras vencidas en los bancos, los movimientos
sorpresivos en los mercados de capitales, las dificultades de los gobiernos
para pagar la deuda, las señales de recesión y demás manifestaciones anormales
de la economía.
En estas
circunstancias, la reflexión sobre los alcances de la ciencia de la
administración pública se debe orientar a identificar su papel en la
construcción de un nuevo modelo económico y social. El modelo que partirá del
caos, resultante al terminar la fase del capitalismo rentista, para reconstruir
los procesos económicos y sociales dirigidos a la construcción del futuro de
modo que se supere la crisis y se corrija los factores que la historia ha
enseñado.
Hasta ahora no se
conoce una propuesta sobre la construcción del futuro; pero sí existen
argumentos para pensar que la administración de los bienes públicos, será un
factor clave y determinante en el diseño de una sociedad con ideología, régimen
político y economía, más acorde con las leyes de la naturaleza, es decir,
orientado hacia la conservación de la vida humana. El debate político no será
en términos de economía, sino en términos de la manera de ensamblar y operar el
Estado, con un régimen político que responda a las exigencias derivadas de las
expectativas sociales.
Algunas
conclusiones, basadas en la experiencia y las causas de la crisis neoliberal
global, son posibles de extractar para identificar aspectos que, hacia el
futuro, se deben considerar en el diseño del nuevo modelo: en primer lugar,
cuál debe ser el uso de la tecnología y qué limitaciones debe tener, por los
riesgos que ocasiona su utilización basada, únicamente, en la rentabilidad del
mercado; en segundo lugar, cuál debe ser la importancia del aparato productivo,
que alimenta el componente real de la economía, donde se ubican los bienes y
servicios que propiamente, se requieren para la conservación de la especie; en
tercer lugar, cuál debe ser el papel del Estado, cuando se ha visto que no debe
ser simplemente un deudor permanente de los especuladores del dinero; en cuarto
lugar, cuál debe ser el foco donde se debe concentrar la acumulación de capital
y cómo se debe canalizar la inversión del mismo; en quinto lugar, cómo superar
la avaricia y la codicia de los propietarios de la acumulación, que permita
adoptar mecanismos para contribuir a mayor equidad social.
Es muy probable que
sea la gestión pública y el papel del Estado, en el contexto de la ciencia de
la administración pública, el tema de discusión, que concentre el debate y
canalice las propuestas políticas, para responder a los requerimientos
económicos y sociales, que el conglomerado humano requiere para alargar lo más
posible la permanencia sobre el planeta. Nada es eterno en el mundo y todo
tienen su final, pero se justifica intentar hacer lo más largo posible, el
periodo de vida de la especie humana; lo cual es más razonable, con una
administración de los bienes públicos que asegure mejores condiciones de vida y
el suministro apropiado de los insumos para la conservación de la especie. Para
el efecto, se requiere adelantar investigaciones y estudios sobre los diversos
temas asociados al propósito, para disponer de un bagaje de conocimiento que
sirva de apoyo a la toma de decisiones y formulación de políticas públicas. En
ese caso, entonces ya se podrá afirmar que se ve la luz al final del túnel.