sábado, 1 de noviembre de 2025

LA POLITICA DEL ATAQUE PERSONAL

 Es un rasgo característico de la cultura política colombiana, desde el origen de la república, que los procesos organizacionales del régimen giren en torno al nombre de una persona con un enfoque caudillista, que de manera maquiavélica alimentan los periodistas, en lugar de centrarse en la verdadera esencia de la actividad política que debe converger en los criterios y pautas para la toma de decisiones sobre los asuntos públicos. Así, el debate no confluye en la confrontación de propuestas de gobierno, sino en la confrontación de personas, por lo cual no queda más que llevar la praxis política a la hoja de vida de los candidatos. 

Esa situación en la competencia política, realizada en un ambiente plagado de pugnacidad y posturas beligerantes de los actores, abre la puerta para que se desvíe la razón sociológica del régimen político y se convierta en otro factor de riesgo para la efervescencia del clima electoral. Entonces, la campaña se concentra en los improperios e insultos de un aspirante a otro o de los seguidores de un candidato a otro. Es un fenómeno peligroso, que entra a sumar a las demás causas objetivas y subjetivas del conflicto sociopolítico, cuyas consecuencias son impredecibles, porque, al calor de la pugnacidad, no se sabe donde va a desbocar la tendencia.   

Distinto sería que el debate político se concentrara en la confrontación de programas de gobierno, sin tener en cuenta la hoja de vida de la persona, más allá de sus atributos y competencias para cumplir con los postulados de la gestión pública. Así, los temas a tratar a través de los medios de comunicación serían sobre asuntos públicos y los periodistas quedarán metidos frente a sus propósitos morbosos ya conocidos, de alimentar el clima de pugnacidad.

Si duda, la solución, por lo menos de inmediato y corto plazo, está en manos del Consejo Electoral, que bien puede reglamentar los términos de las campañas electorales de modo que se impida el estímulo a la violencia, que inicia verbal y después no se sabe donde termina. Es una realidad lamentable en esta coyuntura política, donde se presentan circunstancias históricas especiales para las elecciones del próximo año, por lo cual es necesario evitar y combatir la política del ataque personal.

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