Según los resultados electorales de Estados Unidos y sin mayor profundidad investigativa, se puede deducir que también allá está operando el péndulo latinoamericano, en la elección de presidente, el cual tendría la misma causa general común para todos los países occidentales y podríamos afirmar que el derrumbe del modelo neoliberal, que está avanzando paulatinamente, ya comienza a tener las consecuencias electorales en ese país, que es la cuna del neoliberalismo.
El descontento que producen, el desempleo, la inflación y la descomposición social, se lo achacan a los demócratas y probablemente, también las guerras, donde ese país tiene metidas las narices. Por lógicas razones, la reacción del electorado se va en contra y apoyan al candidato contrario, en este caso al republicano, sin considerar las características y riesgos de las propuestas de gobierno; más aún, cuando el candidato ha imputado las causas de la situación generalizada, a factores que su programa de gobierno pretende corregir.
A todo esto, súmele la motivación del supremacismo norteamericano, que ya es histórico y ha estado anclado en la idiosincrasia de los habitantes, que pudo haber reactivado el discurso contra los inmigrantes latinos y las mercancías chinas, que constituyen un llamado a fortalecer el sentimiento nacionalista y el afecto por su país. Algo similar a lo que realizó Hitler en Alemania de los años 30 del siglo pasado, cuando motivó al electorado invocando la crisis económica y el mal trato que le dieron a ese país posterior a la primera guerra mundial.
Lo cierto es que los cuarenta años de neoliberalismo y los síntomas del desplome que actualmente se están presentando, a todo el mundo occidental afectan por igual, y en Estados Unidos es el comienzo, independientemente de que sean los demócratas o los republicanos quienes ejercen el poder; pero, la reacción de la ciudadanía se va en contra del gobierno de turno. Así que no debe extrañar si el próximo año, el descontento le apunte al gobierno republicano y la añoranza se exprese a favor de los demócratas.
No son predecibles las consecuencias del programa de Trump, en cuando a las acciones en contra de fuerzas internacionales. China no se quedará de brazos cruzados si se aplican las acciones que el candidato ha expresado; no es predecible la reacción de la OTAN si cumple sus propuestas; Rusia también tiene sus propios movimientos, así que el gobierno de USA no está solo en el mundo, sino que hay otros actores que tienen sus propios movimientos. Los BRICS siguen avanzando y no hay certeza sobre el desempeño futuro del dólar.
Por ahora el futuro es incierto, por lo cual solo se puede observar el pasado y lo cierto es que el electorado de ese país castigó a Biden, a pesar de que sus políticas fueron de corte democrático y con un significativo sentido social; probablemente, porque la ideología gringa que tradicionalmente ha sido alimentada con un sentimiento de superioridad frente al mundo, se siente mejor representado con las posturas de Trump, razón por la cual el vaivén de las olas electorales esta vez cambio de bando, presentándose como en Latinoamérica, el péndulo electoral de USA.
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