El régimen político es el conjunto de normas, instituciones y procesos sociales, mediante el cual se tiende un puente entre la sociedad y el Estado, para efecto de establecer los mecanismos que permitan a la base social, acceder a los organismos de toma de decisiones u organismos de poder. En la forma más elemental, la palabra política significa tomar decisiones, que, para el caso del conjunto social, se refieren a las decisiones sobre asuntos de interés general que competen a todos los individuos, es decir a los asuntos públicos. Es a través del régimen político, como el conglomerado accede al organismo que rige los procesos sociales, económicos e institucionales, con los cuales se logra la convivencia de la especie y la satisfacción de bien común.
Se supone que, si el régimen político es
un puente entre la sociedad y el Estado, su configuración y operación es
neutral o inerte, si se quiere, por cuanto se limita a facilitar la transmisión
de proposiciones, posturas e ideales de la sociedad, con base en las cuales se
sustentan las decisiones que toma el organismo de poder. Así que, de la fluidez
y transparencia del régimen, depende que las iniciativas de la comunidad se
traduzcan en acciones del organismo de poder. Igualmente, dado su carácter de
transmisor de iniciativas ciudadanas, el régimen debe tener condiciones de
continuidad y trazabilidad, para que los requerimientos de la comunidad lleguen
de manera precisa a su destino en los órganos de decisión.
El régimen democrático, que se implantó en
el siglo XVIII acompañando al Estado Moderno edificado por la burguesía de la
época, se diseñó con inspiración en la democracia griega de la antigüedad AC.
Tiene algunas modificaciones con relación a la fuente, pero conserva el
propósito de la etimología de la palabra, aunque, históricamente, el contenido
de su significado (demos y cratos) no se ha aplicado rigurosamente. Sin
embargo, hasta lo conocido en la actualidad, con imperfecciones y todo, parece
que este es el más conveniente para la organización social. Hoy se ha
introducido otra variante al inicialmente creado hace más de dos siglos, la Democracia
Representativa, introduciendo lo que se llama la Democracia Participativa o
Democracia Semidirecta, por su acercamiento al concepto de los griegos de la
antigüedad donde se llamaba Democracia Directa.
La operación o funcionamiento del régimen,
está altamente influenciada por los patrones ideológicos que rigen la conducta
individual en el seno de la vida social, por lo cual se habla de la “cultura
política”, que significa la existencia de normas de comportamiento de los
individuos frente a los asuntos públicos, en los aspectos relacionados con el contacto
entre ellos y los órganos de poder. Es una formación mental que viene desde la primera
edad, de factores provenientes de la familia y el aparato educativo, con los
cuales el ciudadano fija sus posturas frente a los temas inherentes al régimen
político. Así que la organización social puede tener una cultura política más o
menos adecuada a las conveniencias y necesidades públicas, la cual se
manifiesta a través de las expresiones de la conciencia ciudadana.
Dentro de los procesos sociales incluidos en
el régimen político, se destacan dos principales: la organización de los
ciudadanos y la participación en la designación de los miembros de los órganos
de poder. En el primer caso, se supone que la organización se construye en
torno un conjunto de posturas sobre los diferentes temas públicos, común a
todos los miembros y constituyen el factor de homogeneidad que le otorga la
cohesión al grupo. En el segundo caso, se supone que la participación es el
mecanismo mediante el cual se difunden las posturas o plataforma política de la
organización, para efecto de atraer simpatizantes y aglutinar ciudadanos que
apoyen la elección de los aspirantes a los órganos de poder, con el propósito
de que estos órganos adopten las propuestas programáticas de la organización.
En consecuencia, el régimen político debe permitir la continuidad y
transparencia de los contenidos a lo largo de todo el proceso, desde el origen
en las necesidades y problemas de la comunidad, hasta la decisión de los
organismo de poder, pasando por las etapas de conocimiento y análisis de los
problemas, definición de alternativas de solución, formulación de propuestas
políticas, difusión y adhesión masiva de ciudadanos, elección de agentes
portadores de las propuestas e introducción y defensa de las propuestas en los
órganos de decisión.
No obstante, en la realidad colombiana no
se observa la continuidad y encadenamiento de los eslabones del flujo que muestra
el anterior esquema hipotético. El Régimen Democrático tiene sus propias
particularidades, que han arraigado costumbres políticas y desvíos de los
procesos respecto a la misión sociológica del conjunto. Tanto, que las
características reales de los sistemas políticos que circulan en el régimen, se
alejan substancialmente de la etimología de la palabra que lleva por título; lo
cual se ha visto agravado con los acontecimientos ocurridos en las campañas
electorales del año 2026, donde la presencia de los avances tecnológicos, ha
permitido la introducción de prácticas contrarias a los principios sociológicos
del proceso político, obligando a la reflexión profunda sobre sus implicaciones
en el manejo del Estado y sus fines esenciales.
Lo que se observó en el debate electoral
del presente año, se aparta notoriamente de las costumbres y tradiciones y, por
supuesto, de las normas jurídicas que sustentan el régimen, como es el caso del
voto programático, que, si bien es cierto no es requisito legal para
presidente, el programa es la base política para publicitar la campaña. Desde
tiempo atrás se observaba que en los eventos electorales prevalecían factores
diferentes a los programáticos, como por ejemplo el clientelismo, el
constreñimiento electoral y la compra/venta de votos; pero en la elección del
presidente en este año, lo que se aprecia es una ruptura total del régimen
político. La cadena secular que sustenta conceptualmente el régimen y que le
otorga legitimidad a la arquitectura del Estado, se ha fracturado separando
claramente el proceso electoral, del proceso social con identidad política.
Así, quedan dos escenarios de acción política, sin que haya sustento del uno con
el otro. El pensamiento público de la ciudadanía y la plataforma programática
de la organización, quedan por un lado y el escenario electoral donde actúa el
ciudadano para elegir sus representantes, queda en otro lado; dejando en el medio,
conductas electorales motivadas por el impulso y la reacción emocional,
derivada de factores psicológicos, diferentes al raciocinio y el grado de
conciencia frente a los asuntos públicos.
Ahora, el proceso electoral circula en un
escenario similar al del mercado. Un espacio donde se confrontan empresas
electorales que compiten por el voto de los ciudadanos, cuya oferta no se basa
en la propuesta política, sino en técnicas de marketing convencional:
promoción, publicidad, penetración de mercados, manipulación de cerebros,
posicionamiento mental del producto y la venta final que es el voto, el cual también
conlleva gastos de transacción, a través de refrigerios, transporte y apoyo
logístico en general. Es la mercantilización de la acción cívica del régimen
político.
La principal causa de la ruptura en la
cadena de valor público en el proceso electoral, es, sin duda, de carácter
cultural. Antes de 1958 la ciudadanía acudía a las urnas motivada, al menos,
por los colores rojo y azul; pero el Frente Nacional sembró el patrón mental de
que la política es ocupar puestos en la burocracia y que los recursos del
Estado son para satisfacer los intereses de los partidos que ocupan los cargos.
De ahí en adelante, todo ha sido la evolución de la descomposición mental del
deber ciudadano, hasta llegar a la situación en que está hoy, donde se presenta
la ruptura total. Con ello surge el reto para las organizaciones políticas, de
tomar medidas y aplicar correctivos que permitan ajustar los procesos a las
nuevas condiciones electorales, adoptando mecanismos y procedimientos para enderezar
el rumbo del régimen político y evitando que se distorsione más la misión del
Estado, de tal manera que se logre enmendar la ruptura del régimen político.
No hay comentarios:
Publicar un comentario