miércoles, 16 de julio de 2014

BUEN ALCALDE PARA POPAYÁN

Se escuchan rumores en la opinión pública que desde ya se encuentran los mismos politiqueros de siempre negociado acuerdos y armando componendas entre las microempresas electorales, para ver si cristalizan las aspiraciones personales de alguno y logra ser elegido alcalde, pero sólo con el argumento de su propio narcisismo; pues quedan interrogantes sobre el conocimiento mínimo requerido para el cargo y muchas dudas sobre la ética pública apropiada, cuando sus antecedentes están en la profesión de político.

Qué desfachatez. Parece que tuvieran el rostro de madera. Les interesa muy poco las necesidades y conveniencias de los casi 300 mil habitantes que tiene el municipio y que se afectan de alguna manera, y tratan de sobreponer su interés personal por encima del bien común. Son conscientes pero no les importa su propia ignorancia sobre los temas mínimos que un gobernante territorial debe poseer para realizar una labor eficaz y efectiva, como son los fundamentos del derecho administrativo, los principios de la gestión pública, las bases de las finanzas públicas, los elementos de la planificación regional, los cánones de la administración territorial y por supuesto, las bases de la gerencia pública, entre otros igualmente elementales, pero esenciales para dar respuesta pertinente a las expectativas de las comunidades. Y ni modo de decir que no importa su ignorancia si nombran un equipo de gobierno adecuado, porque el gabinete lo conforman con cuotas burocráticas de recomendados de los miembros de la componenda electoral, que justamente, recomiendan a los más serviles que casi siempre son los más ineptos.

Por eso es relevante la iniciativa que hace algunas semanas presentaba el periodista Ovidio Reinaldo Hoyos en su programa radial y su página web, cuando dijo que se debía organizar un proceso cívico integrado por personas sin antecedentes electorales y digo yo, amantes del territorio y con gran espíritu público, para formular un programa de gobierno consecuente y apropiado, luego definir un perfil gerencial de quien debe ser el ejecutor del mismo y después escoger la persona con ese perfil para que sea el candidato a la alcaldía.

Hay debilidades en el liderazgo local como para realizar la convocatoria y desarrollar la iniciativa de Ovidio Reinaldo, pero como se demostró con el caso de la selección de fútbol, los colombianos sí tenemos la capacidad de movilizarnos en torno a causas nobles que nos unen y que responden a los intereses comunes de las grandes mayorías. Por eso pienso que es válida y oportuna la idea de nuestro amigo periodista y creo que alguien debe impulsar el proceso con la seguridad de que somos muchos quienes estamos dispuestos a contribuir aunque sea con un granito de arena para elegir el próximo año un buen alcalde para Popayán.

miércoles, 9 de julio de 2014

LA GLOBALIZACION DEL FUTBOL

La historia del fútbol colombiano comienza una nueva era, la cual se produce justamente, cuando el mundo avanza en la globalización económica y cultural por lo cual se permite utilizar términos como competitividad, apertura de mercados, exportación de talentos, inserción del país en el mercado global y otros conceptos asociados al lenguaje que hoy es común en la opinión pública. Hacia adelante, Colombia debe estar presente en todos los mundiales; y en el mercado europeo de futbolistas, como se desea también en el mercado de bienes y servicios, debe haber alta presencia de los “productos” colombianos.

Después de lo ocurrido a raíz del evento en Brasil, no se puede negar la importancia de este deporte para la sociedad colombiana y lo que puede generar la participación nacional en las competencias internacionales. Siendo así, el Estado debe adoptar una política seria y consecuente para el deporte en general y el fútbol en particular, que vaya más allá de los simples servicios para el entretenimiento de la población. El fútbol tiene la característica de los bienes públicos y la selección propicia un fenómeno sociológico que merece la debida atención del gobierno. Un futuro promisorio con beneficios económicos y sociales de gran alcance, no puede dejarse en manos de los clubes que participan en la liga nacional; pues el fútbol profesional está en manos de los mercaderes de derechos deportivos que sólo buscan llenarse sus bolsillos con las comisiones y sin importarles el interés general, han reducido este deporte a un negocio de lucro individual.

Coldeportes debe incentivar, estimular y financiar masivamente las escuelas de formación deportiva, para que estas se conviertan en los principales proveedores de jugadores de las ligas europeas. El país debe ganar credibilidad y competitividad para no seguir con el esquema comercial de hoy en que primero el joven talento va a Argentina para luego llegar a los clubes europeos. Pero tampoco debe ser desde los clubes del rentado nacional desde donde se remitan los talentos nacionales. Algún mecanismo institucional debe existir para lograr el sano propósito y con beneficio social, el cual debe estar contemplado en la política pública que se adopte.

Sin que el país se lo hubiera propuesto, surge una oportunidad en el DOFA nacional que el país debe aprovechar, por lo cual tanto el gobierno nacional como los gobiernos territoriales, tienen gran responsabilidad, para ver si este deporte que se está torciendo, se endereza y se puede volver a los estadios sin el temor de que las barras bravas mal educadas cometan toda clase de vandalismos y más bien, que la práctica deportiva en su conjunto, se oriente con base en los cánones que exige la globalización del fútbol.

miércoles, 2 de julio de 2014

CUÁL ES LA TERCERA VÍA

Esta semana se reúnen en Cartagena varios exjefes de gobierno de igual número de países tanto desarrollados como extercermundistas, convocados por el Presidente Santos para hablar de la Tercera Vía, un movimiento ideológico que si bien ha sido tratado desde hace un siglo, fue después de la segunda guerra mundial y más cuando Tony Blair llegó a primer ministro inglés, cuando tomo fuerza en el campo político. Blair puso en consideración los trabajos del sociólogo Anthony Giddens, escritos en los años noventa no se sabe si para reencauchar el pensamiento socialdemócrata o para combatirlo, aunque en la esencia tienen mucho en común.

Lo cierto es que desde la época de la agitación revolucionaria de comienzos del siglo veinte, ante el reconocimiento de las desigualdades y la injusticia social del capitalismo, pero dentro de una postura de defensa de la propiedad privada y el temor al socialismo, surgió la idea de que debía haber una salida intermedia donde ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre, la cual se mantuvo latente durante la mayor parte del siglo pasado. Pero cuando Giddens expuso sus planteamientos, ya en la realidad del nuevo capitalismo, el capitalismo postindustrial, postmoderno o sea el capitalismo rentista, las cosas resultaron a otro precio y el cuento comenzó a hacer carrera en las instancias políticas; tanto que hoy hasta Bill Clinton se ha puesto a favor de esa corriente.

Hoy, por supuesto, la realidad política tiene otras implicaciones diferentes a la confrontación capitalismo-socialismo. Uno, porque ya no tiene vigencia histórica el socialismo; dos, porque la corriente neonazi está alimentando los apetitos de los grupos de ultraderecha; tres, porque el capitalismo rentista con su modelo de globalización financiera recoge por igual a todos los especuladores no empresarios, fenómenos frente a los cuales la Tercera Vía no tiene la claridad suficiente, como para proponer un divorcio radical frente a la socialdemocracia.

Lo de Cartagena parece ser, más una jugada política de Santos con fines de imagen, que un evento donde se clarifiquen posturas ideológicas. La presencia del presidente del BID, un organismo defensor del capitalismo financiero internacional que se nutre con el pensamiento neoliberal por ejemplo, deja muchas dudas sobre si de verdad la tercería que se propone está metiéndose por el medio del neoliberalismo de mercado y el intervencionismo keynesiano. De cualquier forma, si ese movimiento pretende sustituir a la socialdemocracia desde el punto de vista programático, lo primero que debe hacer es lograr de verdad encontrar cuál es la Tercera Vía. 

miércoles, 25 de junio de 2014

EL SANCOCHO MAYORITARIO

El panorama político colombiano se está aclarando. Ya la extrema derecha está agrupada y sea por conciencia o por alienación ideológica, con un trasfondo doctrinario neonazi y en concordancia con la cultura caudillista que predomina en el país, está junta y suman 6.9 millones siguiendo a quien Cecilia Orozco denomina sociópata y Antonio Caballero psicópata. Por aquí no está el problema.

El problema está del otro lado, donde están los otros 26 millones de ciudadanos; pues esta es una masa compleja y heterogénea donde hay de todo como en botica. Hay santistas, liberales, clientelas de gamonales que son los votos cautivos, vendedores del voto, viejos izquierdistas, socialdemócratas, independientes, cívicos, y la gran mayoría, quienes sufren de la enfermedad del meimportaunculismo. Estos últimos, los más dañinos, porque por su culpa, una mínima porción de votos legitima el gobierno quedando entonces el poder en manos de esta minoría. Los que sufren de esa enfermedad social, sobreponen sus condiciones individuales por encima del bien común. Les basta con que ellos resuelvan sus necesidades personales y les importa muy poco lo que ocurre en el país. Son conocedores de la situación y son conscientes del clientelismo, la corrupción, la oligarquía y todas las demás características de la democracia; pero prefieren no votar creyendo que de esa manera se soluciona el problema.

El reto histórico del país en la coyuntura que está comenzando está aquí. Si esa gran mayoría del 80 % de la ciudadanía no se organiza y hace claridad en la postura política que debe ser lógicamente, contraria a la uribista, estos últimos finalmente lograrán imponer sus intereses por encima de la mayoría. Lo grave es que en nuestra cultura tradicionalmente caudillista, se necesita un líder que agrupe y canalice en un proyecto político, por lo menos a la mitad de esa mayoría o sea 13 millones de ciudadanos.


Por ahora no se vislumbra ese personaje. Y lo más grave aún, en esa masa social compleja existen interese divergentes y los intereses conflictivos de sobreponer los propósitos grupistas por encima de los colectivos, lo que agrava más la dificultad del surgimiento del líder. Se necesitaría que se definiera un proyecto político claro, se difundiera ampliamente y se profundizara en su conocimiento, para que el sentido político pudiera sobrepasar el faltante de la imagen del líder. Queda pendiente ver como se desenvuelven los hechos y cómo se mueven los grupos que eligieron a Santos por frenar a Uribe; pero sí estamos frente a la gran oportunidad de consolidar una alianza democrática que represente a la gran mayoría y que de paso resuelva políticamente el sancocho mayoritario.

miércoles, 18 de junio de 2014

EL RETO DEL NUEVO GOBIERNO

Uribe está furioso. No quiere aceptar que sólo la quinta parte, o sea el 20 %, de la ciudadanía colombiana lo apoya, mientras que la gran mayoría del ochenta por ciento no comparte sus ideas; y de esta, el treinta por ciento salió a votar por Santos, muchos de ellos no tanto por apoyar al presidente sino en contra de Uribe.

En concordancia con los viejos refranes de que “todo pícaro y ladrón juzga por su condición” y de que “el que las hace se las imagina”, el expresidente afirma que Santos triunfó porque aplicó los mismos métodos que él utilizó para su beneficio en 2006, desconociendo hechos como los efectos negativos de  la “salida del cobre” de la campaña de Zuluaga en los últimos días y de la publicidad negra en TV, así como también de los efectos positivos para Santos derivados de que muchos personajes de la vida nacional como dirigentes políticos, expresidentes y figuras de renombre, se adhirieron a su campaña creando una imagen de confianza y la sensación de ser un candidato de amplia gama política con inclusión de diversos frentes del espectro social.

Lo duro para el presidente, es que con el refrán al revés, no hay bien que por mal no venga. Ahora el triunfo de la reelección significa un compromiso complejo y difícil, por cuanto las elecciones pasadas son un campanazo de alerta que le muestra situaciones desafiantes: la extrema derecha está agrupada en torno a su caudillo y dispuesta a pelear metiéndole palos en la rueda al gobierno; y por otra parte, el compromiso que se genera en torno a la paz como factor de unidad y cohesión electoral, le obliga a adoptar un estilo de gobierno diferente al elitista y oligárquico que aplicó en su primer período.

Ya él es consciente según se deduce de las palabras de celebración cuando dijo que hará los ajustes, cambios y reformas que sean necesarios. Veremos qué tan pragmático es para interpretar la realidad nacional y manejar las condiciones políticas que se derivan de todo el paquete económico y social que conlleva un verdadero proceso de paz estable y sostenido que vaya más allá de la simple negociación con la guerrilla. Tal como se está construyendo el escenario político futuro, parece que Colombia irá en concordancia con el debate internacional de la confrontación entre Neoliberalismo y Socialdemocracia. En el mundo ya no cabe ningún socialismo. Y en el campo de las condiciones socioeconómicas, los apoyos de la autodenominada izquierda y las promesas de última hora, le obligan a introducir medidas de fuerte impacto en la estructura económica y en las políticas macroeconómicas y sectoriales.


No sabemos qué sucederá en el futuro inmediato pero la situación nos muestra que estamos entrando en una nueva fase de la historia política nacional con altos efectos en la vida económica y social, donde Santos, siendo un exponente de la oligarquía y miembro de la aristocracia bogotana, tendrá que decidirse y tomar una postura que lo sitúe a la altura de la realidad nacional, afrontando con sabiduría el reto del nuevo gobierno. 

miércoles, 11 de junio de 2014

EL MEJOR MINISTRO DE HACIENDA

Cuando se publica que el funcionario fue declarado como “el mejor ministro de hacienda”, cualquier persona piensa que eso se debe a que la realidad de las finanzas públicas está al máximo y todo perfecto. Que los hospitales no están quebrados, que los maestros están conformes con sus pagos, que a los contratistas no les deben actas, que las cuentas del fisco están al día. Pero no, no es por eso que se ganan el premio de mejor ministro de hacienda.

Cuando una calificadora internacional, como la Revista Emerging Markets, otorga ese galardón al funcionario, que en Colombia durante los últimos años han ganado Carrasquilla y Zuluaga, significa que al ministro colombiano le importa un carajo el gasto social y que es un servidor público arrodillado a los intereses del capitalismo financiero internacional. O sea que es un servidor servil. Desde que el capitalismo rentista cogió al Estado como marrano para realizar su lucrativo negocio especulativo prestándole dinero para balancear el presupuesto, la política fiscal se ha reducido simplemente a pagar cumplidamente la deuda, es decir a darle prioridad en las finanzas públicas al pago cumplido de los intereses y el principal al vencimiento de los papeles que están en manos de los  especuladores internacionales del dinero.

No es mérito entonces ganarse el calificativo de mejor ministro de hacienda. Es precisamente, todo lo contario de lo que el pueblo necesita. Es quedar bien con los ricos sin considerar las necesidades de los pobres y las situaciones financieras que viven los demás sectores sociales que también necesitan recursos públicos como salud y educación. Desde que se modificó la estructura de financiamiento del Estado mediante la ley 51 de 1990 y demás normas derivadas de la Constitución del 91, el fisco quedó sometido a las leyes del mercado de capitales y las funciones del ministro del ramo se concentraron en el servicio de la deuda. Algunos lo han hecho sin descuidar los demás conceptos del gasto público, pero otros, como los que se ganan el título de “mejor ministro” concentran su prioridad en atender a los acreedores.

Hoy se observa en la campaña por la presidencia un candidato que trata de lucirse en su publicidad mostrando este mérito, cuando en realidad lo que significa es un descrédito para un gobierno que seguramente queda bien ante los capitalistas del mundo y les quita el miedo de que en Colombia vaya a suceder lo mismo que en Grecia, pero para los ciudadanos nacionales no es ninguna gracia que se haya ganado el título de mejor Ministro de Hacienda. 

miércoles, 4 de junio de 2014

LOS TEMAS DE CAMPAÑA

Reducir el debate electoral a la presidencia del país al tema de la negociación con la guerrilla, es darle a esa institución un tratamiento simplista e impertinente frente a la dimensión real de lo que significa gobernar el país durante cuatro años. El caso deja por fuera los dos más trascendentales asuntos de la agenda presidencial como son el bienestar y desarrollo de los colombianos y la postura del país en el concierto universal.

Por muy importante que sea la suspensión de la violencia por parte del grupo guerrillero más antiguo y de mayor magnitud que existe, no es tanto como para olvidar que la población tiene otras necesidades mucho más importantes. Lo cierto es que a los estratos uno y dos, poco les importa lo que está ocurriendo en la Habana, pues en el día a día su preocupación es de cómo poner la olla en la estufa o cómo cubrir la lonchera y el transporte de sus hijos de colegio, sin incluir la tardanza de las citas en la EPS o los dolores de cabeza que causa la juventud de sus hijos, siempre y cuando ya tengan resuelta la necesidad de vivienda y el pago de los servicios públicos domiciliarios.

Un presidente se distingue de otro por sus políticas de gobierno, entre las que se destacan la política macroeconómica y las políticas sectoriales tanto de los sectores económicos como sociales. Pero muy poco se conoce sobre las propuestas de los candidatos sobre estos temas. La injuria, la calumnia y los ataques al oponente han ocupado más espacio que la difusión de las propuestas propias. Ha sido más un debate basado en la destrucción del rival que en la construcción de país.

De todo el paquete de políticas que un gobierno adopta para el ejercicio de sus funciones y competencias, dos son de absoluta relevancia por el impacto en la calidad de vida de toda la población en general y particularmente de los grupos populares. Una es la política fiscal que traza las pautas sobre el manejo de los impuestos y demás ingresos del Estado y de las asignaciones del gasto público. La otra es la política social que muestra los criterios que utilizará el gobierno para tomar decisiones en los sectores sociales prioritarios como salud, educación, vivienda, recreación y demás medios institucionales mediante los cuales se atienden las necesidades humanas.

Hipotéticamente,  ya se conocen ampliamente lo que fueron las políticas  fiscal y social de los gobiernos Uribe y Santos, como para que los electores tengan elementos de juicio por quien votar. Lo malo es que el nivel de la cultura política colombiana no da para tanto, por lo que no podemos celebrar que el pasado y la memoria sean suficientes como para dilucidar la importancia y conveniencia de los temas de campaña.