viernes, 7 de febrero de 2025

EL PRINCIPIO DE PUBLICIDAD

 La Constitución Política, en el artículo 209 establece entre los principios rectores de la función pública, el Principio de Publicidad, que también se cita en la ley 909 de 2004 y en el Código Contencioso Administrativo, entre otras normas legales, además que la Sentencia 053 de 1998, completa la jurisprudencia sobre la materia. En la filosofía, desde los antiguos griegos, se habló de este tema, que, inclusive, es la base del término público, y en la filosofía del siglo XX fue tratado, entre otros filósofos, por Hanna Arendt y Jürgen Habermas; pero en el pensamiento vulgar otra connotación se le dado al asunto y en la mayoría de los casos, el principio se ha confundido con la propaganda que se realiza a través de los medios de comunicación social. 

El principio está asociado a la gestión pública; y en la época en que lo público estaba en el seno del Estado, era una obligación del organismo para cumplir los fines esenciales al servicio de la comunidad. Pero, los gobernantes, haciendo la pantomima de que el principio se aplica, implantaron mecanismos como los mal llamados “informes de gestión” que se publican cada cierto tiempo, los comunicados al público que elaboran las oficinas de prensa, o, el sainete de las rendiciones de cuentas, que es un sistema cantinflesco de aplicar el principio de publicidad. No existe ni en la costumbre ni en los procesos institucionales, un esquema adecuado al cumplimiento del principio de publicidad en la administración pública colombiana. 

De otro lado, en la Constitución Política no se aprecia con claridad que el consejo de ministros esté inmerso en la estructura del Estado, por lo cual, parece, que este, obedece más a un acto discrecional del presidente, que a una norma superior de obligatorio cumplimiento; salvo una ley de 1923, cuando existía otro tipo de Estado. Así que la determinación del gobierno actual sobre la transmisión en directo de una reunión del consejo de ministros, es parte de un nuevo modelo de aplicar el principio de publicidad en la gestión pública, que ha cogido por sorpresa a tirios y troyanos. 

La administración pública en el marco de la gestión gerencial debe ser innovativa, pragmática, flexible y, sobre todo, heurística. Así que como un inicio, el episodio es novedoso y trascendental, porque puede llegar a convertirse en un modelo de gestión perfectamente coherente con las normas jurídicas y pertinente con las normas técnicas de la ciencia administrativa; pero, como ocurre en todo, el primer paso es un ensayo que se debe refinar hasta convertirlo en un proceso con todo el rigor que el sistema operativo de la administración de la rama exige. 

La falla que se evidenció, según la transmisión, no está, ni en el piso jurídico ni en el proceso operativo, sino en la aplicación de los procedimientos parlamentarios, un conjunto de normas adoptadas por NAIMUN y acogidas por la ONU, que son de aplicación universal. Es decir, el ajuste y refinamiento al modelo, se debe concentrar principalmente, en aspectos de forma más no en contenido.

Claro, dada la situación política del país, el caso ha dado lugar a tremendos escándalos y a interpretaciones amañadas del evento, pero mirando con serenidad el tema de la gestión pública, el ejercicio es trascendental para refrescar la democracia haciendo transparente la gestión gubernamental, mediante la aplicación del principio de publicidad. 

domingo, 2 de febrero de 2025

EL CONFLICTO COLOMBIA-USA

El escándalo de los últimos días es de carácter internacional y se refiere a las posturas encontradas de los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, que la prensa letrina ha magnificado mostrándolo como un caso de altas proporciones en las relaciones internacionales, cosa no es de tal magnitud. El gobierno colombiano dijo que la repatriación fuera con dignidad y así se está haciendo; en ningún momento se negó a recibir a los deportados, solo dijo, que viajaran dignamente y USA aceptó. Pero la gran prensa colombiana, cuya misión social es la de atacar el gobierno progresista por sí o por no, ha seguido atizando el fuego y tratando de imputar al presidente de Colombia la culpabilidad de las medidas que viene tomando el gobierno de USA en sus relaciones internacionales y que se refieren a todos los países, no solamente a Colombia. 

Desde el año pasado, la prensa internacional viene informando sobre la crisis social, económica y fiscal que sufre el país del norte, la cual se venía manifestando con migraciones internas, empobrecimiento de la clase media, alta inflación, debilitamiento del aparato productivo interno, quiebra de bancos, desbalance en la balanza comercial a favor de China, elevada deuda pública y déficit fiscal. Por supuesto, todos estos son efectos del desgaste del modelo neoliberal, cuya matriz está en ese país, y por lo tanto es allá donde comienza el derrumbe; pero el nuevo gobierno de Trump, atribuye los motivos a otros fenómenos señalando la causa a “errores” del gobierno Biden. Para Trump, las causas principales son los migrantes y la China.

El gobierno de Trump ha adoptado medidas de política fiscal y política comercial, como salida para mejorar su situación; entre las que se encuentran, la elevación de aranceles para mejorar sus ingresos fiscales, disminuir el déficit de la balanza comercial y reactivar el aparato productivo interno. Está tomando medidas para bajar el gasto público mediante obligar a otros países a subir el gasto militar, recortar la nómina de servidores públicos federales, y racionalizar el gasto en cooperación internacional o ayuda a otros países, entre otras, para disminuir el déficit fiscal y, de paso, bajar el ritmo de la deuda pública que ya se le ha hecho impagable a ese gobierno. Para el problema social, ha adoptado una política de repatriación masiva de inmigrantes y control al tráfico de drogas, para bajar la presión sobre el gasto en bienestar social y servicios públicos. Pero la prensa colombiana, que actúa como parlante de las élites del poder tradicional, dice que la culpa es de Petro. 

Por supuesto que el diagnóstico del gobierno Trump es equivocado. Se ha dejado llevar más por las posturas ideológicas supremacistas de los grupos que lo llevaron al poder, que, por los análisis objetivos y técnicos de la sociología, las relaciones internacionales y la economía. 

La elevación de aranceles no disminuye automáticamente el ingreso de mercancía extrajera al mercado interno estadounidense, ya que depende de la elasticidad precio de cada producto; donde los productos inelásticos, no se verán muy afectados; de otro lado, el desabastecimiento interno por baja de las importaciones, impulsará hacia arriba el índice de precios y la inflación, que ha sido el dolor de cabeza de la FED durante los últimos años; seguirá hacia arriba con gran impacto en los capitalistas rentistas o especuladores del dinero agrupados en la rosca del globalismo que manejó el gobierno durante cuatro décadas y, además, la masa de consumidores también reaccionará en su contra por el impacto en los bienes de consumo, lo cual levará a la baja en las ventas de las poderosas cadenas de comercio detallista. 

Independientemente de lo que Petro diga o no diga, el asunto para el gobierno Trump es complicado; porque la imposición de los supremacistas contra los latinos, creará escases de mano obra de alta productividad, como ha sido la de los inmigrantes desde hace más de un siglo; y la de los ilegales, que suministran mano de obra de bajo costo que eleva la competitividad global del aparato productivo gringo, también caerá. Además, Colombia y los demás países afectados, bien pueden tomar medidas fiscales, también exonerando de tributos a los productos exportables hacia USA, para que la elevación del arancel allá, no altere significativamente los precios finales; y los empresarios de acá, no se verán afectados en sus exportaciones. Quiere decir, que los beneficios para el fisco de allá, serán cubiertos por el fisco de acá, como siempre ha ocurrido en las relaciones colonialistas del Norte-Sur. 

Pero lo más grave para Trump y para USA en general, es la agudización dialéctica de las contradicciones internas, entre los globalistas y la elite de las Big Tech, que los analistas internacionales han catalogado como el fin del neoliberalismo y la imposición del Tecnofeudalismo. Los globalistas, liderados por la FED y agrupados en los grandes fondos de inversión como Black Rock, Vanguard y otros, no se quedarán de brazos cruzados y dando pataleadas de ahogados para sostener el modelo neoliberal, desplegarán acciones de neutralización contra las medidas de Trump. Si El gobierno tiene en su rosca a Google, Amazon, Apple, Meta y Microsoft, los globalistas tienen Larry Fink, con su combo de Soros, Morgan, Lehman, Goldman, Rockefeller y demás artistas que han controlado el mundo global durante cuarenta años. Además, el desplome neoliberal tiene afectado a sus socios de la Unión Europea, y los rivales tecnológicos de China han puesto en jaque a los del Big Tech, de tal manera que no es cierto que exista el conflicto Colombia-USA.