El orate Trump amenaza con ponerle aranceles a Colombia e inmediatamente salen despavoridos los neonazis a hacer terrorismo público, como si esto fuera la gran tragedia nacional, porque, supuestamente, afecta a algunos pocos empresarios exportadores hacia ese país. Pero si se reflexiona desapasionadamente, el asunto puede ser o no ser, tan grave como los políticos de extrema derecha lo pintan.
Si se observa detenidamente el caso colombiano, los aranceles afectan más a los consumidores norteamericanos, que a los exportadores colombianos; pues el fenómeno depende fundamentalmente de la elasticidad-precio del producto en el respectivo mercado. Si el producto es muy elástico, la cantidad total de disminución de las compras por parte de los consumidores es elevada y esto, por supuesto, disminuiría el volumen de las exportaciones colombianas. Pero si la elasticidad-precio de los productos es más bien rígida, la cantidad en que disminuye las compras no es significativa.
Mirando los productos que EEUU compra a Colombia, se aprecia la rígides de esta elasticidad y por eso los compran allá; pues, caso contrario, se irían a comprar a otro lugar. Y es menos elástica porque corresponde a productos principalmente del sector primario, que tienen alta relación con las necesidades de subsistencia humana, ya que son inherentes a la canasta familiar de consumo masivo, algunos de ellos, inclusive, relacionados con factores de dependencia como la cafeína. Otros, porque son únicos en el mercado global y si no los compran a Colombia, no tienen otro abastecedor de la misma calidad.
En tales condiciones, la fijación de aranceles a Colombia genera un daño a los consumidores gringos y a la economía colombiana muy poco afecta, salvo los dos o tres exportadores que caen como víctimas de la situación, pero que no influye significativamente en la balanza comercial. Así que el caso de los aranceles de Trump, no es para crear pánico de manera reactiva, sino para analizar con detalle acerca del comportamiento de las leyes del mercado, que son iguales para todo el mundo.
Con ello vemos que la actitud de los quejumbrosos es más de carácter político e impulsivo, que un verdadero motivo de mercado, que tiene sus propias reglas de juego y que no siempre dan lugar a que se produzca el terror de los aranceles.