viernes, 11 de octubre de 2024

LA DECADENCIA DEL DERECHO

 El siglo pasado y hasta 1990, la imagen pública de los magistrados de las cortes del orden nacional, llamadas también Altas Cortes, era de gran magnitud moral y ética, porque lo que se sabía, es que, para llegar a esa dignidad, se necesitaba hacer una carrera exitosa en el campo del Derecho, colmada de productos intelectuales y demostraciones de sabiduría. Los magistrados eran juristas con altas dotes de dominio de la filosofía y la teoría del derecho, que acreditaban credibilidad y respeto, por sus méritos profesionales, independencia y dotación de conocimiento sobre la materia en la que prestaban el gran servicio a la sociedad. 

Pero los tiempos cambian y ya en el tercer decenio del Siglo XXI, la realidad histórica se presenta diferente. Algunos analistas, inclusive, afirman que el derecho administrativo es anacrónico y el derecho laboral también, porque ya no existen las condiciones de la época cuando se creó por allá en tiempo de Napoleón, para el primero, ni el sistema económico tiene las características del capitalismo clásico del siglo XIX, cuando surgieron los derechos laborales. Y para completar, el presidente hace pocos dijo en un discurso ante la Corte Constitucional, después de dictar una clase magistral de historia económica, que es necesario revisar la jurisdicción constitucional. También la descomposición social propiciada por el neoliberalismo y la ideología de la postmodernidad, ha dejado dudas sobre la pertinencia de la jurisdicción penal, frente a la realidad que hoy vive el mundo occidental globalizado y en deterioro moral.

Por supuesto que es totalmente normal en el derecho, como en cualquier ciencia, que debe ajustarse al devenir histórico siempre cambiante, el cual crea nuevos escenarios para la acción y requerimientos específicos que respondan a las nuevas realidades que aparecen. Pero lo que más llama la atención en las esferas académicas y círculos de pensamiento, es la perdida de imagen de quienes desempeñan el protagonismo en los escenarios del más alto nivel, porque de ellos depende la confianza y tranquilidad de la sociedad, de modo que se garantice la seguridad de los factores de convivencia en el seno del conglomerado humano. Hoy, se dice que los magistrados son simples leguleyos con título de abogado, que llegan al alto cargo, ya no por los méritos de sabiduría y producción intelectual en las materias del derecho, sino por mecanismos inescrupulosos faltos de ética pública y moral profesional, basados en palancas y servilismo frente a los jerarcas de la politiquería elitista, en lo que constituye una situación que bien puede llamarse la decadencia del derecho.  

martes, 1 de octubre de 2024

LA GLOBALIZACIÓN DE LA MANO DE OBRA

Desde sus orígenes hace tres siglos, la teoría económica ha dicho que los factores de la economía en un país son Tierra, Capital y Trabajo, de cuya combinación depende la construcción del desarrollo, que, para ellos, era el crecimiento de la economía, sin considerar los aspectos sociales y humanos, que hoy, se consideran propiamente, como el núcleo del desarrollo.  

La forma clásica del capital, en su época, era la acumulación vestida con medios físicos de producción, destacando las máquinas en manos de los agentes del capital, que eran los empresarios, con las cuales se conformaba la industria y este componente era clave para la construcción del desarrollo. Pero, ya en siglo XX, los capitalistas rentistas, a quienes Keynes llamó especuladores del dinero, cuya acumulación no es en medios físicos sino monetaria, después de medio siglo de lucha lograron la conquista del Poder de Estado y en los años ochenta propician profundos cambios en el andamiaje mundial de la economía.  

Aprovechando los avances tecnológicos de la microelectrónica, logran implantar el modelo de globalización rompiendo las fronteras económicas de los países y propugnando por la consolidación de un solo mercado universal. Por supuesto, lo que les interesaba era la globalización del capital, ya en esta época, no con carácter de medios físicos de producción sino puramente monetario, convirtiendo el dinero en una mercancía.

La globalización del factor capital fue montada por las elites del poder económico mundial para facilitar la circulación libre de los flujos monetarios por todo el mundo, buscando mayores ganancias como producto de la renta, utilizando mecanismos políticos e institucionales o sea a través de organismos de los Estados, con la aquiescencia de los gobiernos. Fue un fenómeno construido deliberadamente por la ley humana para beneficio de unos pocos grupos económicos.

Pero como la ley de la naturaleza casi siempre se sobrepone por encima de la ley humana, las cosas no se quedaron así, simplemente a gusto de los capitalistas especuladores. Los otros factores de la economía, regidos por la ley del mercado, buscaron el acomodo a las condiciones de la economía global. El factor Tierra no se puede globalizar mediante desplazamientos físicos en el mercado mundial; pero llegaron los capitales internacionales a cualquier lugar del mundo, a comprar extensiones de terreno en ultramar. En cambio, el factor mano de obra, este si puede desplazarse, también movido por la ley del mercado, y se produjo el flujo migratorio de un país a otro buscando mejores oportunidades laborales.

La teoría económica decía que un factor emigra de un país cuando hay abundancia y los precios que le pagan son bajos, por lo cual se desplaza a otro país donde haya escases y el factor se paga a un precio más elevado. Los países subdesarrollados o del sur, disponen de mucha masa laboral con salarios bajos, por lo cual la ley de la naturaleza impulsa por motivos de subsistencia y equilibrio en la conservación de la especie, hacia destinos en Europa y Norteamérica.

Hoy, el fenómeno ha alcanzado magnitudes preocupantes para los gobiernos de países receptores, como lo registran las noticias sobre hechos en Estados Unidos, España, Inglaterra, Francia y otros, donde la llegada de latinoamericanos y africanos ha ocasionado una gran presión de demanda de bienes y servicios públicos, que debe afrontar el gobierno. Las corrientes migratorias han alcanzado volúmenes inimaginables, hasta con efectos humanitarios de graves consecuencias, como se aprecia en el mar Mediterráneo y en el Tapón del Darién, todo porque por fuerza de la ley natural que está actuando sin intervención de los Estados, pero motivada por el rebusque, está propiciando la globalización de la mano de obra.